4.2. Paul Klee (1879-1940)

Cuando la abstracción se convirtió en un fenómeno generalizado, muchos pintores se decantaron por el arte abstracto desde sus primeras obras, aunque existen casos como el de Paul Klee que compaginó el arte figurativo con el abstracto.

Este pintor tuvo una preocupación teórica y desarrolló una pintura personal independiente de corrientes y tendencias, aunque estando siempre en el ámbito de la modernidad y la vanguardia.

Su presencia en la Bahaus durante diez años hizo que aumentase su prestigio como centro de experimentación de pintura y diseño industrial.

Sus obras serán reproducidas en el almanaque Der Blaue Reiter y participó en la exposición del grupo de 1912.

         Compartió el entusiasmo de Marc y Kandinsky por el arte primitivo, la pintura folclórica y los dibujos de niños.

Veía en ellos lo que siempre había buscado en su obra, estructuras formales el nivel cultural más elemental que fueran libres de toda convención establecida.

Fue plenamente consciente de las diferencias que separaban la abstracción de la figuración.

Su actitud consistió siempre en situarse ante el arte con una mentalidad ajena a la historia del arte.

Logra establecer una ruptura con los límites que separan:

  • lógica y fantasía
  • la ficción de lo real
  • la dicotomía entre forma y color
  • los principios de objetividad y subjetividad.

En 1912 visita París y conoce la obra de Delaunay, entre las cuales estaba “Las ventanas” y su red de pequeños cuadros y rectángulos de colores. Con su viaje a Túnez en 1914 comprende que el color es la suprema realidad pictórica. Las primeras obras que reflejan estas influencias las realiza utilizando rejillas o pequeños cuadrados de Delaunay.

En muchas de sus obras posteriores a 1914 puede verse claramente la superposición e interpretación de planos del espacio cubista.

Durante los años de la Bauhaus (1921-1930) pueden observarse dos direcciones en la obra de Klee.

Por un lado, hay muchas obras en las que parece seguir los principios de orden pictórico: una línea que sirve para crear un espacio multidimensional, o la línea y el color que sirven para sugerir el movimiento, o las capas superpuestas de color que crean nuevas arquitecturas.

Pero en otros casos, el orden lógico de la arquitectura o la geometría se disuelve en presencia de imágenes fantásticas y misteriosas.

Klee pretendía llevar la imagen y la actividad del artista a un mundo prelógico y liberado de la cultura tradicional.

Así, cuando pinta unos monigotes como La montaña del gato sagrado (1923), o cuadrados mágicos de color como Harmonía en azul = naranja (1929), se sitúa tanto en el campo figurativo como en el de la abstracción, en una posición previa a la aparición de la cultura que ha condicionado nuestra actividad durante siglos.

Algunas obras son mágicamente imaginativas y con gran sentido del humor, mientras otras tienen connotaciones dolorosas que anticipan los acontecimientos que habrían de precipitarse en Alemania.

Su deseo era crear un arte que no representa lo visible, sino que hace visible lo que no siempre lo es.

Las imágenes de Klee se descomponen y se recomponen y combinan de acuerdo con nexos ilógicos y asintácticos pero muestran vitalidad y sensibilidad, estructurando la imagen en base a la ley óptica de los contrastes simultáneos. d

4.1. Abstracción y Figuración

Una figura o escultura abstractas son aquellas en las que no existe ningún elemento que pueda ser una representación o alusión figurativa de la realidad.

En sentido estricto, siguiendo las palabras de Seuphor “debe llamarse abstracta a la pintura en la que no podemos reconocer nada de la realidad objetiva que constituye el medio normal de nuestra vida; en otros términos, es abstracta una pintura cuando nos fuerza por ausencia de toda otra realidad sensible, a encararla como una pintura en sí, a juzgarla de acuerdo con sus valores extrínsecos a toda representación o a todo recuerdo de representación. De ahí se sigue que una trasposición de la naturaleza, aún muy extremada continúa siendo figurativa; pero igualmente se sigue que una trasposición llevada al punto de que nada permita en la obra descubrir el asunto naturalista inicial, una trasposición, pues, que no deje a la vista nada de los transpuesto, merece ser llamada abstracción”.

De la misma manera, no será abstracta una obra de arte que parte de unos presupuestos figurativos para llegar a límites abstractos.

Los artistas que, alrededor de 1910, iniciaron la abstracción y comenzaron a entender poco a poco las ilimitadas posibilidades del diseño separado de la representación, (Kandinsky, Kupka, Delaunay o Mondrian) se formaron por tanto en el ámbito de la representación y tuvieron una primera etapa figurativa, por lo que las primeras composiciones abstractas muestran una clara relación con esos inicios.

La abstracción inicial de Kandinsky deriva de la exaltación del color al igual que sucede con los círculos de Delaunay íntimamente unidos a sus primeras obras figurativas influidas por el cubismo.

En el caso de Mondrian es más representativo: tras realizar obras de influencia postimpresionista pasó al Cubismo de Naturaleza muerta del bote del jengibre (1912), para pasar rápidamente a eliminar los últimos restos figurativos en obras como Composición oval (1914).

Si bien no puede establecerse con certeza el lugar exacto y fecha de creación del arte abstracto, ningún centro artístico activo en aquel momento permaneció al margen de estos descubrimientos.

Hay un Expresionismo abstracto en Múnich con Kandinsky y Franz Marc a partir de 1910, animados por Delaunay primer pintor abstracto francés.

Tras la primera Guerra Mundial, se produjo un desarrollo sostenido de la teoría y práctica abstractas por parte de distintos grupos en Rusia, Países Bajos y Alemania.

Por otro lado, parte de la confusión entre figurativismo y abstracción vino de los títulos que los artistas abstractos daban a sus obras, con los que irónicamente proporcionaban una pista falsa a un espectador que, engañado, trataba en vano de buscar una representación que no existe.

Esto no quiere decir que el arte abstracto dé la espalda a la realidad, pues su arte responde, en algunos casos como ningún otro, a una expresión del mundo en el que vive el artista: un cuadro de Pollock es un grito ante un mundo hostil, mientras que Mondrian exhibe una concepción del mundo ordenada y en equilibrio.

Ambas pinturas son abstractas. Ninguna de las dos representa lo real, sin embargo, muestra dos concepciones distintas del mundo, del individuo y de su actitud ante la realidad.

Así pues, cabe decir que casi existen tantas tendencias abstractas como artistas que las cultivan, pues sólo hay un elemento en común a todas ellas: la ausencia de representación. ocked0 List T

2.7. El Futurismo italiano: la rebeldía de lo veloz.

El Cubismo, supuso el punto de partida de otras corrientes como, por ejemplo, el Futurismo.

Esta tendencia, que se basa en la creencia y la fe ciega en el progreso, fue un movimiento dinámico, un arte basado en la captación y exaltación del movimiento y de la acción.

Sus principios están próximos a ideologías anárquicas e incluso en sus manifiestos permiten ver que el futurismo fue una tendencia plástica, pero con una profunda identidad política, ética y social.

El futurismo italiano surge en un marco de conservadurismo y es la primera vanguardia que alcanza el panorama artístico en un país con arraigadas tradiciones clasicistas.

Este movimiento irrumpe como una tendencia agresiva pues entre sus ideales figuraba la provocación y la agresividad derivadas del nuevo mito: el progreso.

Los futuristas surgieron en Italia con gran fuerza desarrollando una intensa actividad de propaganda a través de panfletos, mítines, performances etc. para dar a conocer sus pautas.

Traspasaba los usos artísticos habituales y se servía de formas propias de la acción política.

Se identificaba la vanguardia artística con la vanguardia política, por lo que además de movimiento pictórico logró un gran desarrollo en poesía, escultura o arquitectura.

Las actitudes radicales del Futurismo estaban en contradicción entre la teoría de sus planteamientos con su desarrollo real.

Los futuristas, proclamaban la destrucción del culto al pasado y de cualquier relación con la historia, pero sus realizaciones estuvieron sujetas a un concepto tradicional del cuadro.

En el “Manifiesto técnico de la pintura futurista”, publicado en 1910 y firmado por Humberto Boccioni, Carlo Carrá, Luigi Russolo, Giacomo Balla entre otros se muestra sus ataques al pasado y un lenguaje insultante pero carente de un método práctico.

La primera exposición que muestra obras futuristas, fue la Mostra d’Arte Libera de Milán en mayo de 1911; en ella se muestra obras como:

“La ciudad que se levanta” (1910, Museum of Modern Art, Nueva York) cuyo autor fue Umberto Boccioni,

“El funeral del anarquista Galli” (1910-1911) de Carlo Carrá

“La Revuelta” (1911) de Luigi Russolo en la que incorpora el principio futurista de las líneas de fuerza que confluyen en un punto.

“Todas las cosas se mueven, todo corre, todo cambia con rapidez…” Esta dinámica del movimiento se refleja en “El jinete Rojo” (1913) de Carlo Carrá.

Sin embargo, Carrá abandonará las ideas futuristas y se adentra en una pintura metafísica de hondo contenido onírico.

La característica primordial de los futuristas fue lograr, a través de la captación simultánea del movimiento, un nuevo sentido de la forma y la representación como se contemplar en “Dinamismo de un perro con correa” (1912, Museum of Modern Art, Nueva York) de Giacomo Balla. En ella, se plasma la visión múltiple de una figura en movimiento.

De todos los futuristas, fue Umberto Boccioni quién logró aplicar los principios futuristas no sólo en pintura sino también en escultura, cuya primera exposición fue celebrada en la Galería La Boétie de París en 1913, en la que presentó varias obras en las que la fragmentación pictórica bidimensional parecía trasladarse a interpretaciones tridimensionales de objetos sólidos.

Una de sus obras más importantes fue “Formas únicas de continuidad en el espacio” (1913, Galleria d’Arte Moderna, Milán), en la que el autor logra plasmar el dinamismo que solo podía representarse con movimiento, un tema al que le dedica cuatro figuras de las cuales esta es la única que se conserva.

2.5. El Cubismo de experiencia a lenguaje.

La historia del Cubismo como movimiento comienza en 1910 y, aunque en principio comienza con Picasso y Braque paulatinamente se fueron incorporando otros artistas.

Entre 1910-1914 se celebra el “Salon des Indepéndants” y el Salón de Otoño, en el que participan varios artistas que se denominan cubistas.

En el “Salon des Indepéndants”, varios participantes (entre otros Gleizes, Metzinger, Delaunay y Léger) expresan su malestar por la manera de colocar sus cuadros en la edición anterior obteniendo una sala aparte que causó un gran escándalo. En una nueva edición del Salon des Indepéndants llenaron varias salas lo que supuso el triunfo del movimiento y la atención de los críticos.

En 1913 Guillaume Apollinaire, en su obra «Meditaciones estéticas. Los pintores cubistas” interpretaba  laobra de los cubistas activos como: Picasso, Georges Braque,Jean Metzinguer, Albert Gleizes, Marie Laurencin, JuanGris, Fernand Léger, Frances Picabia, Marcel Duchampy Duchamp-Villon.

Eran artistas de formaciones yprocedencias dispares, algunos de ellos formarían parte de otros movimientos como el Cubismo órfico o el Purismo.

Jean Metzinguer fue un autor muy representativode la complejidad que podía alcanzar el Cubismo,como podemos ver en su obra La pluma amarilla, una figuración identificable sometida a una geometrización rítmica.

Publicó con Gleizes “DuCubisme”, el primer escrito teórico que analiza esta corriente, del que llegaron a hacerse 15 ediciones.

En octubre de 1912 se celebra una importante manifestación cubista cuando se organiza el “Salon de la Section d’Or” en la Galería la Boetié de París, aunque Picasso y Braque no participaron si lo hicieron nombres conocidos como Léger, Metzinguer o Gleizes.

Otro de estos artistas fue Marcel Duchamp, cuya obra “Desnudo bajando una escalera” (1912) suponía una ruptura tan radical con respecto a los otros que tuvo que retirarlo ante las quejas de los veteranos cubistas.

La mayoría de la pintura y escultura que se mostraba en el Salón d’Or no era diferente a la de otras ediciones, sin embargo, será la obra de Marcel Duchand “Desnudo bajando una escalera nº2” la que marcará un hito no sólo del Cubismo sino también del arte moderno.

Representa el movimiento de una figura femenina bajando en diagonal la superficie del cuadro, empleando una paleta monocromática de marrones y cobres para acentuar la mecánica del movimiento.

Fernando Léger es junto con Braque y Picasso uno de los pintores más importantes del Cubismo.

Léger aprovechó las posibilidades plásticas del Cubismo. Centrándose en una pintura que tiene en la mecanización su argumento y su temática.

Destaca su obra de gran formato “La ciudad” (1919, Philadelphia Museum of Art. Filadelfia), realizada con la técnica del Cubismo sintético, a base de planos superpuestos fuertemente coloreados que se encuentran y se cruzan pero sin penetrar unos dentro de otros.

Paralelamente a estas tendencias, se desarrollan otras que toman como punto de partida el Cubismo pero con interés por el color en su obra.

Destaca Robert Delaunay (1885-1941).

Creó las primeras pinturas completamente abstractas realizadas por un artista francés; destaca la serie de la torre Eiffel de 1910, y “Homenaje a Blériot” (1914).

Apollinaire es el primero en describir las pinturas de Delaunay, Léger y Duchand como “órficas”, ya que compartían una preferencia hacia la abstracción en las que veía similitudes con el arte abstracto en música.

Durante una conferencia en 1912, Apollinaire distinguió cuatro categorías dentro del Cubismo:

Científica.

Física.

Órfica.

Instintiva.

En todo caso, hoy día no se emplean estos términos.

Otra artista es Sonia Delaunay-Terk (1885-1979).

A través de su pintura y su incursión en el diseño de modas, libros, tejidos etc. representó un papel importante en el desarrollo del orfismo.

Contrae segundas nupcias con Robert Delaunay y comienza su intercambio artístico, sobre todo su interés por las teorías de Chevreul del color, que se plasma en su serie “Contrastes simultáneos” (1913).

Destaca su obra “Prismas eléctricos” (1914. Centro Georges Pompidou, París).

2.4. Juan Gris y el orden de la pintura.

Las experiencias de Picasso y Braque crearon un lenguaje de vanguardia al que se incorporaron otros artistas.

Uno de ellos fue Juan Gris (1887-1927) (seudónimo de José Victoriano González Pérez), considerado el tercer maestro de esta vanguardia tras sus creadores.

Gris se incorporó al Cubismo en 1911 carente de una actitud experimental, intentando estructurarlo y sistematizarlo, articulando un “orden cubista”.

El Cubismo fue más interesante para Juan Gris como sistema lógico e intelectual que como método experimental.

Juan Gris se inicia en el Cubismo preocupado por el desarrollo de una concepción de la imagen legible e identificable.

Pero pronto su pintura se orientó por unos caminos más intelectualizados, intentando construir una concepción científica de la pintura moderna, en la que el orden sea el fundamento del cuadro.

En 1913 estuvo con Picasso en Céret y reorienta su pintura hacia las experiencias de los creadores del Cubismo.

Gris inicia una etapa más rigurosa y científica, abandonando todo componente empírico y centrándose en una concepción racionalista, en un proceso basado en la idea y la teoría, como podemos ver en “El fumador” (Fran Haviland) (1913, Museo Thyssen Bornemisza).

En las pinturas realizadas entre 1915 y 1920, Gris descubrió su gama de color característica: verde, burdeos, azul y crema salpicados de toques españoles en amarillo y rojo.

Su búsqueda de formas condensadas le llevó de manera progresiva a formas más simplificadas dominadas por curvas y líneas rectas.

En sus collages, las materias retienen sus identidades de origen: un trozo de periódico sigue representando lo mismo en el cuadro, mientras los papeles jaspeados se utilizan para los tableros de mesas de mármol y los papeles que imitan la madera para las paredes de este material. fffff

2.3. Picasso y Braque: la forma y la representación.

El cubismo es la más importante revolución en las artes desde el Renacimiento, sin embargo, debía mucho al arte del medio siglo precedente.

  • Reaccionaron en contra de la pasión de Van Gogh.
  • Admiraban a Seurat (por su pureza formal hasta el punto de que varios cubistas comenzaron empleando la técnica del divisionismo), y a Gauguin por el valor del arte primitivo.
  • El arte tribal (arte negro) servirá de estímulo a Picasso en la mayoría de sus obras.
  • Otro factor que intervino en el génesis del Cubismo fue el redescubrimiento de la obra de Cézanne, sobre todo por Picasso (1881-1973) y Braque (1882-1963).

El nuevo fundamento de la pintura fue el valor de la forma en detrimento del color que Cézanne había mantenido, no en vano para este todos los objetos se concebían como figuras geométricas.

El Cubismo trata de recuperar la pintura del artista francés, continuarla y desarrollarla de manera que la forma, el orden y la geometría se convirtieron en el fundamento de la obra cubista eliminando el valor supremo del color.

La colaboración tan inmensa entre Picasso y Braque fue posiblemente gracias a Apollinaire, aunque el primero en ese momento ya era un artista consagrado como figura independiente, Braque por el contrario no se había dado a conocer y no disfrutaría de un primer éxito hasta el Salón de los Independientes de 1907.

Braque se acercó a Picasso buscando una fundamentación más sólida para su pintura, de manera que comienzan a reunirse para visitar museos, así como charlar y hacer vida social.

Entre 1907-08 Picasso realiza dos obras de gran formato que ha sido objeto de gran debate.

Se trata por un lado de “Tres mujeres” originariamente propiedad de Leo y Gertrude Stein y hoy día ubicada en el Museo de Hermitage, San Petersburgo y por otro la naturaleza muerta “Pan y frutero sobre una mesa”.

Braque se sintió motivado por el ejemplo de Picasso para llevar sus estudios de la obra de Cézanne y durante el verano de 1908 en l’Estaque logra realizar una serie de obras completamente originales, el primer conjunto de pinturas verdaderamente cubistas.

En estas obras vemos que el color se reduce a una severa combinación de verdes pálidos, marrones y grises.

En los últimos paisajes los ritmos curvos dan paso a un sistema de líneas verticales y horizontales sólo interrumpidas por las diagonales de cuarenta y cinco grados que forman los vértices de los tejados y los árboles, en un conjunto donde se han suprimido todos los detalles y el follaje para no ocultar la severidad geométrica de las casas.

Picasso se siente estimulado por las obras de l’Estaque, y queda patente en lienzos como los realizados  durante la etapa que pasó en la Rue-de-Bois en 1908, donde la influencia de Cezanne es evidente.

Posteriormente, en verano de 1909 Picasso trabaja en Horta de San Juan (Tarragona) donde realizó un conjunto importante de pinturas del periodo cubista temprano.

Picasso fusionó dos tipos de pinturas: la negroide y la cézanniana.

También realizó algunos paisajes donde eliminó casi por completo los árboles y las formas naturales y se centró en la relación entre los bloques de edificios cúbicos.

El colorido es limitado, mostrando una paleta de tonos terrosos, grises y negros con algunos toques de verde pálido.

No solo existe un punto de fuga central, sino que la perspectiva, más que ser convergente (hacia dentro), es en realidad divergente(hacia afuera), de tal manera que las partes altas de los tejados son más anchas en sus límites más lejanos y parece abrirse como un abanico hacia la superficie del cuadro.

Durante los últimos meses de 1909 y primeros de 1910, la obra de Picasso y Braque se fue haciendo cada vez más elaborada.

Picasso recurre de nuevo al uso de una consistente fuente de luz, y en muchas de esas pinturas se percibe una poderosa sensación de claroscuros como por ejemplo “Joven de la mandolina1910, Museo moderno de Arte, Nueva York.

El cambio hacia esta pintura alcanza su momento cumbre con Braque en sus naturalezas muertas como “Violín y paleta”. 1909. Guggenheim Museum. Nueva York.

En 1910, en verano, el Cubismo entra en una nueva fase marcada por la estancia de Picasso en Cadaqués, aunque las obras que realiza no son del gusto del artista probablemente le parecían demasiado herméticas y abstractas.

La pintura cubista comenzó a hacerse más personal, más libre y decorativa.

Hombre con clarinete” (1911-12), es una composición piramidal que nos muestra unos personajes portando un instrumento musical.

Los colores, aplicados con una técnica neoimpresionista, se reducen a una amplia gama de ocres y grises.

Picasso se ve obligado a introducir pistas en sus obras con el fin de hacerlas más accesibles al espectador.

Sin embargo, Braque nunca abandonó un vínculo con la realidad ni siquiera en sus obras más abstractas como es el caso de “Homenaje J. S. Bach” 1911.

Posteriormente introdujo en su obra letras y números que remitían a la realidad, que derivó en la invención del collage, inaugurando lo que iba a ser un gran hito de la historia del arte en el siglo XX.

Destaca “Naturaleza muerta con silla de rejilla” de Picasso, 1912. Museo Picasso, París.

En ella incorporó un trozo de hule cuyo estampado, imitaba a la rejilla de una silla.

Este fue el primer collage, es decir, la primera pintura en cuya superficie se aplicaron objetos o materiales inhabituales.

Braque, por su parte, realizó en 1912 “Compotier et Verre”, en el que pegó tres piezas de papel pintado a imitación de la madera.

En 1914, ya estaban establecidos definitivamente los principios del Cubismo de Picasso y Braque.

2.2. La fascinación por lo primitivo: Picasso negro. Las señoritas de Aviñón (1907).

En el periodo entre 1906-1907, Picasso muestra una inclinación hacia el arte negro e ibérico, que tuvo una influencia decisiva en la orientación que seguiría su pintura.

Aunque en algunos dibujos anteriores ya mostraba la influencia profunda de la escultura de las culturas primitivas, el cambio de color queda patente en obras como el Retrato de Gertrude Stein o Autorretrato con paleta ambos fechados en 1906.

En estas obras, muestra:

  • una reducción de la intensidad el color,
  • simplifica las formas y los volúmenes
  • una clara influencia del arte ibérico.

Durante estos años, conoce la escultura negra en el Museo del Trocadero y colecciona piezas de arte ibérico.

Se siente también atraído por la cultura egipcia y las esculturas góticas del Museo de Cluny.

Su primera obra maestra Las señoritas de Aviñón (1907, Museum of Modern Art, Nueva York), supone una ruptura, consciente y coherente, con el sistema de representación perspectiva que se utilizaba desde el Renacimiento como soporte y método insustituible de la pintura occidental.

En ella establece las pautas que representarán el Cubismo.

Picasso planteaba la idea de que el clasicismo no era un lenguaje agotado, ahora bien, era preciso hacer una nueva revisión y valoración de los modelos antiguos de una manera amplia y sin condicionantes previos.

Para Picasso, experimentar con la forma significaba mirar al pasado, pero libremente sin preferencias academicistas.

En la composición de “Las señoritas de Aviñón”, el autor pudo inspirarse en modelos de la Historia como “El baño turco” de Ingres, o la “Visión de San Juan” de El Greco y al mismo tiempo para los rostros se basaba en el arte primitivo.

Las dos cabezas de las figuras centrales se inspiran en modelos de la escultura ibérica, la figura de la izquierda lo hace de la escultura egipcia, en cambio la de la derecha aparece como una interpretación libre de modelos del arte negro.

Con esta obra, Picasso decidió experimentar resultando de una acentuada ambigüedad por la pluralidad de fuentes y modelos y la renuncia al sistema de representación clásico.

El artista distorsiona la representación de la perspectiva monofocal e introduce la simultaneidad en la visión, proporcionando a la pintura una fundamental autonomía de la forma, liberando el cuadro de las limitaciones de la representación tradicional.

El cuadro supuso una verdadera conmoción en los pequeños círculos artísticos que la conocieron, solamente un joven coleccionista, Kahnweiler comprende el genio de la obra, que se convertirá en un símbolo del arte moderno.

Sin embargo, no se trata de una pintura cubista estrictamente hablando ya que los cubistas decían que su arte era realista y, en la medida en que el Cubismo implicaba una reinterpretación imparcial y objetiva del mundo externo, también se trataba, en cierto modo, de un arte clásico. Por el contrario “Las señoritas de Aviñón” provocan una primera impresión de violencia y desasosiego. De hecho, la ferocidad de las dos figuras del lado derecho de la pintura, acentuada por la ausencia de expresividad en los rostros de sus compañeras, podría justificar su clasificación como una de las producciones más pasionales del expresionismo del siglo XX.

Sin duda alguna la pintura marca un punto de inflexión en la carrera de Picasso y, sobre todo, el comienzo de una nueva fase en la historia del arte.

Muchos de los problemas con los que Picasso y Braque se enfrentaron en su creación del estilo cubista, aparecen aquí por primera vez, quizá abordados de una manera muy tosca, pero planteados con claridad.

Una simple mirada es suficiente para descubrir que Picasso cambió varias veces de opinión a medida que trabajaba el lienzo.

La obra no fue hecha con el propósito de procurar placer ya que se trata de una escena angular, severa y áspera. El encanto y la melancolía de muchas de las primeras obras de Picasso ha sido deliberadamente suprimido y la actitud de las modelos es conscientemente perturbadora. Física y erótica, pero salvaje y, al mismo tiempo, atractiva y repelente.

Picasso no sólo estaba intentando producir imágenes de un peso y volumen prácticamente sin precedentes, sino que también comenzaba asentirse insatisfecho con la idea de contemplar los motivos desde un punto de vista único e inmóvil.

2.1. Picasso antes del Cubismo. Periodo azul y rosa.

Picasso (1881-1973) es considerado una figura paradigmática del arte del siglo XX, su trayectoria de forma aislada, con gran afán de renovación no sigue una evolución lineal y fue el creador del Cubismo, tendencia que se basa en el valor de la forma en detrimento del color.

Nace en Málaga en 1881, de padre profesor de dibujo que le enseñó a pintar.

Después de una estancia de cuatro años en A Coruña se traslada a Barcelona donde ingresa en la Escuela de Bellas Artes en 1895.

El ambiente barcelonés influyó en su obra, ya que tomó contactos con artistas coetáneos como Isidre Nonell, o el escultor Manolo Hugué.

Nonell fue quizás el que tuvo una influencia más decisiva en Picasso, ya que su obra partía de un postimpresionismo y su interés por la expresividad le situaba en el ámbito de una modernidad radical. Picasso toma de él los contornos simplificados y el modelado de las figuras.

Aunque sería su primer viaje a París en 1900, el que verdaderamente se hace notar en su trabajo.

Su atracción por Henri de Toulouse Lautrec y Forain se deja ver en una serie de pasteles fuertemente coloreados con figuras de café como temas.

En 1901, publica una revista, Arte joven, cuya existencia será efímera y ese mismo año se traslada por segunda vez a París, ciudad en la que se establece definitivamente.

En su obra La comida del ciego (1903) el carácter español se manifiesta en el plato, el jarro y el trozo de pan, que nos remiten a Zurbarán o Velázquez.

El talante intensamente retrospectivo o la anatomía manierista pueden proceder del Greco.

En estos años su preocupación fundamental fue el color, aplicada a la manera postimpresionista (pinceladas sueltas).

En su Época azul inició una trayectoria renovadora más personal en la que continuó manteniendo la primacía del color, pero integrando el protagonismo del dibujo como fundamento de la pintura según una práctica que estará presente siempre en su obra.

Las pinturas poseen una temática centrada en la figura y en el predominio cromático del azul, con temas impregnados de una cierta melancolía/pesimismo y de un clasicismo estilizado.

Es destacable El retrato de Jaume Sabartés” (1901) y “El entierro de Casagemas”.

La vida (1903), de gran formato, resume la experiencia de los primeros años de su obra. Esta representación ambiciosa del misterio y la miseria de la vida, tiene similitud con algunas obras de Gauguin o Munch.

Del mismo modo la figura erguida del personaje femenino rememora a Puvis de Chavannes en un límpido modelado de los desnudos que es común al arte simbolista.

Al fondo aparecen otras tres figuras que parecen una suerte de tributo de Picasso hacia sus maestros. Los contornos espesos de Gauguin aparecen en las dos figuras desnudas que se abrazan, mientras la figura agachada parece tomada de una litografía de Van Gogh.

Con esta primera composición monumental con figuras, Picasso resumió y preparó el abandono del carácter introspectivo que había tomado del simbolismo tardío que sólo un año después desaparece ya de su obra.

El principio del equilibrio entre el color y el dibujo se mantiene en la Época rosa que se desarrolla entre 1904-1906.

Se trata de una etapa en la que no solo se sustituye el color azul por el rosa, también supone un cambio de temática, especialmente las propuestas circenses y un nuevo clasicismo.

Los colores son más ligeros, alegres y variados respondiendo a un cambio en la situación personal de Picasso.

Las figuras del circo no resultan tan sentimentales en la obra de Picasso como en la de Honoré Daumier o Toulouse Lautrec.

 La familia de saltimbanquis (1905) presenta seis personajes que no guardan entre sí ninguna relación dramática ni psicológica, pero que adelanta la estructura formal de su obra posterior.

Los dos hermanos (1906).

La tendencia hacia modelos clásicos y el valor del dibujo se hace mucho más sensible en obras como Mujer en camisa (1905) o Familia de acróbatas.  f

1.8. La unidad de la vanguardia: Der Blaue Reiter

La mayoría de las tendencias del siglo XX son corrientes e ismos concretos, con sus grupos, pronunciamientos y principios artísticos claramente definidos.

Todos ellos forman parte de una unidad que conocemos por vanguardia, está formada por tendencias dispares.

Der Blaue Reiter fue en este sentido una tendencia sin una actitud estética concreta que dio cabida a artistas de todo tipo, por lo que fue una especie de suma de las tendencias que constituyeron las primeras vanguardias.

El vínculo común fue la ciudad de Múnich.

Vasily Kandinsky nacido ruso se traslada a Múnich cuando tenía 30 años. Su primera obra recibió la influencia del neoimpresionismo y del Jugendstil o modernismo alemán. Viaja a París con Gabriela Münter y regresan para instalarse en Murnau, al sur de Múnich. A ellos se les unieron Alexei von Jawlensky y Marianne von Werefkin y juntos, en 1909, formaron la Nueva Asociación de Artistas de Múnich que realiza una primera exposición conjunta.

En 1910 realizan una segunda exposición que incluyó a otros artistas como Braque, Derain, Picasso, Roualt o Vlaminck.

En la tercera exposición una obra de Kandinsky es rechazada y dimite, pero le siguen Gabriela Münter, Franz Marc y Alfred Kubin. El grupo se completa con August Macke y Paul Klee.

 Franz Marc y Vasily Kandinsky (que ya había pintado su primera acuarela abstracta) realizan un almanaque que titulan Der Blaue Reiter que se publicó en 1912.

El almanaque pone de manifiesto la amplitud de tendencias y de artes que pretendía integrar, siempre desde el ámbito de la indagación y la experimentación de lo nuevo.

El grupo integró por tanto a todas las fuerzas artísticas renovadoras frente a la tradición y el academicismo, pues fue un intento por crear un ambiente abierto a la renovación artística sin condicionantes estéticos concretos, por lo que quizá por su heterogeneidad y condición transnacional no ha tenido tanto renombre como los grupos ya vistos.

El principal teórico del grupo fue Kandinsky, quien propugnaba el sincretismo de tendencias de la pintura, la música y la escenografía.

El artista que más se movió en la órbita del Expresionismo fue Franz Marc, iniciado el ámbito de la Jugendstil de Múnich y conocedor de la obra de Gauguin y Van Gogh gracias a un viaje a París en 1907. Marc cambió radicalmente la forma de pintar, haciéndose mucho más imaginativo y con una pintura que sintonizaba con los desarrollos del arte moderno. Su obra no abandona el dibujo con el que somete el intenso color a una ordenación en composiciones esquemáticas. Se trata de un aspecto que, al parecer, Marc tomó de la ordenación geométrica del Cubismo. Sus Caballos azules (1911) son un ejemplo de la concepción personal de la pintura de Marc en la que las figuras animales se ordenan en una integración con la totalidad del universo a través de la cual llega una concepción esencial de la forma. Más adelante esta pintura figurativa daría paso a composiciones abstractas lejanamente inspiradas por Delaunay.

August Macke también viajó a París entre 1907 y 1908, donde descubrió a Cézanne y Matisse. En su pintura se aprecia una síntesis del color de los fauvistas y expresionistas con una construcción de la forma derivada de Cézanne. Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en su obra Señora en un parque.

Jawlensky muestra en Las peoníasese eclecticismo de tendencias unido también por el predominio del color y la expresividad

Münter mostró una visión más introvertida e íntima en sus obras.

De todas formas, la duración de Der Blaue Reiter fue corta, pues su propia heterogeneidad conllevó un proceso desvertebrador que el estallido de la guerra hizo finalmente disolver, guerra en la que fallecieron Franz Marc o August Macke, aunque otros de sus miembros seguirían en activo posteriormente y tendrían una decisiva actividad en la posterior aventura del arte moderno. lock

1.7. El grupo Die Brücke (El puente).

El Expresionismo supone el desarrollo de un sistema de representación basado en la alteración de figuras y objetos en función de la expresión.

Más que la representación precisa, los expresionistas buscaron, a través del color, la deformación y una escenografía atormentada e inquietante, provocar un estado de ánimo de desasosiego, inseguro e incierto.

Los iniciadores de esta vanguardia fueron los miembros del grupo Die Brücke (“el puente”), Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel, Fritz Bleyl y Karl Schmidt-Rottluff, quienes lo fundaron en 1905, aunque para 1913 estaba ya disuelto, pues fue una exaltación intensa pero efímera y que influiría decisivamente en el arte de las vanguardias.

Inicialmente todos los componentes del grupo se encontraban en Dresde.

Habían estudiado arquitectura y dejado estos estudios por la pintura.

Die Brücke no era sólo una asociación creada para exponer conjuntamente sus obras, sino una comunidad a la manera de los nazarenos o los nabis.

Tenían una nueva concepción del arte y una misma forma de entender la vida.

De ahí que coincidan en sus temáticas: desnudos con una original carga erótica, escenas de calles pobladas de transeúntes, bailarinas, artistas de circo o el pintor y la modelo.

Compartían su entusiasmo por la pintura medieval alemana, así como por las obras de Van Gogh, Gaugin y Munch, y por el arte primitivo, en especial las tallas de madera de Oceanía y de las colonias alemanas en África.

En 1905 Ernst Ludwig Kirchner escribió el manifiesto del grupo que era un texto muy general e idealista y que pretendía fomentar la libertad de vida y la rebelión contra lo establecido.

A través de sus exposiciones, los expresionistas pretendían ser un eslabón entre el presente y el futuro creador.

El grupo no se cerró sobre sí mismo, sino que aceptó a otros artistas como Emil Nolde, Pechstein o Otto Müller, y se extendió desde Dresde hacia otras ciudades, mientras que su testigo sería recogido por otros artistas expresionistas o que derivaron hacia el realismo crítico como los de la Nueva Objetividad.

Todos los artistas del grupo tenían inquietudes comunes, pero también preferencias diversas.

Ernst Ludwig Kirchner fue el miembro más activo del grupo y el que llevó a sus últimas consecuencias las ideas expresionistas, se interesó por la xilografía, siendo Marcelaun ejemplo de su concepción de la pintura, con el color aplicado de forma arbitraria para subrayar los efectos expresivos.

Cinco mujeres en la calle (1913) es una imagen de la soledad de la vida en la sociedad del momento subrayada por los trazos angulosos y los colores ácidos.

Fue un prolífico artista gráfico.

Su brillante manipulación de cabezas de frente y de perfil, que aprendió de Picasso, muestra su interés por la expresión psicológica.

Erich Heckel acentuó los problemas pictóricos sin olvidar la expresión de una actitud y conciencia angustiadas.

Desnudo en un sofá proyecta una angustia íntima.

El grabado en madera Hombre en una llanura es una viva imagen de la impotencia humana ante la desolación.

Por su parte, la obra de Karl Schmidt-Rottluff (destacable por sus litografías) tiene una dimensión distinta a la de Kirchner, pues no aparecen formas angulosas y la expresión, a base de color y materia, se hace más densa, pesada y agobiante.

Representa la naturaleza como una realidad angustiada e inquietante y nunca inerte, es una realidad en la que se introduce el estado anímico del pintor como en Paisaje noruego.

En 1912 pasó a usar planos de color y formas angulosas de contorno, como en Mujer descansando.

Otto Müller se caracteriza con sus formas esquemáticas, angulosas y sintéticas en obras que destacan por su carácter primitivo y exótico como en Dos chicas en la hierba(1922).

 Fritz Bleyl hace gala de una expresividad silenciosa y una emoción intensa y atemperada.

Emil Nolde tuvo una relación tangencial con Die Brücke, aunque su pintura guarda una gran afinidad con el grupo y llegó a incorporarse por un tiempo al mismo.

Este pintor lleva la expresión hasta los límites del esperpento, en composiciones coloridas de temática religiosa como La Natividado Gente del Mercado.

Pueden incluirse en el expresionismo, aunque no en el Die Brücke, a otros artistas.

Munch es autor de El grito que tiene una soledad y una carga de desolación y angustia que no fue ajena a otros de sus cuadros como Cuatro muchachas en el puente.

Un caso aparte lo constituye el belga James Ensor, que preludia el expresionismo y es un ejemplo de que el expresionismo es una constante en la Historia del Arte.

Uno de sus temas más frecuente fue la máscara, ya de por sí una deformada realidad de extraordinaria expresividad.

La entrada de Cristo en Bruselas será reconocida como uno de los ejemplos más destacados del Expresionismo.

En otra de sus obras, El triunfo de la muerte o La muerte persiguiendo a los ciudadanos, una hoz gigante portada por un monstruo esquelético emerge del cielo y amenaza a la población.

Por su parte, de una generación posterior son:

  • Soutine, con una pintura desgarrada y con personajes deformados
  • Kokoschka, pintor de paisajes y retratos.

1.5. Matisse, el color y la sensación.

Si el Fauvismo irrumpía como tendencia en 1905, dos años después varios de sus miembros lo abandonaban para pasar a llevar a cabo otras búsquedas, siendo Henry Matisse el que desarrolló una concepción más personal de la pintura tras llevar los principios fauvistas a su límite.

Matisse hizo una llamada al orden y la claridad que deben estar presentes tanto en la mente como en las obras del pintor.

Matisse había realizado previamente una serie de pinturas con temas clásicos que habían tenido una especial valoración, caso de su Luxe, calme et voluptuosité(1904).

En 1907 realiza las dos versiones de Le luxe.

Le Luxe I presenta bordes ásperos, ausencia de contornos y colores brillantes y modulados.

En Le Luxe II, los turquesas, cobres y rosas se reducen a unos pocos tonos aplicados en superficies lisas y los contornos están más resaltados. Resulta sorprendente la manera de expresar tanto volumen con pocas líneas y planos de color.

Con estas dos obras Matisse cierra su etapa fauve: destruye la perspectiva y el modelado y reduce el espacio al mínimo.

Matisse realiza estas y otras obras con un tema clásico que había tenido una especial valoración en la pintura de finales del siglo XIX, como es el tema de los bañistas.

Matisse no perseguía ya la recuperación de un tema académico, sino la idea de que el Clasicismo no era un lenguaje agotado sino un concepto que puede aportar estabilidad y permanencia a la pintura sin renunciar al principio de modernidad. La vanguardia puede ser clásica y lo clásico puede convertirse en una expresión de la vanguardia.

En Le Luxe I Matisse no abandona el color, pero introduce una atención hacia la forma como recurso clásico de equilibrio en sintonía con la exaltación cromática.

Acaso una de las obras en las que mejor se puede apreciar esta síntesis es en La Danzao en Bodegón con La Danza(ambas de 1909), que muestran un escenario casi plano de colores uniformes que convierte los objetos en componentes de una superficie cromática uniforme: el cuadro dentro del cuadro, el ornato del mantel y del papel pintado en la pared, la figura, el frutero, el bol, las frutas caídas en la mesa, las pequeñas bombonas o la silla.

El cuadro se aleja de la idea de una representación desentendida de los efectos producidos por las sensaciones que le transmite la realidad y que el artista capta y traduce en pintura.

Muy al contrario, es un cuadro en el que lo conceptual impera sobre la captación inmediata o instantánea de lo real.

Se trata de una ordenación del color y de la expresividad que sustituye el impacto de la sensación inmediata por una imagen en la que se concentra una acumulación de sensaciones circunscritas a un sentido del orden, para Matisse la pasión debe circunscribirse al orden compositivo, donde él cree que reside la expresividad.

Para Matisse la composición es el arte de combinar de manera decorativa los diversos elementos con los que el pintor cuenta para expresar sus sentimientos. En un cuadro, cada parte será visible y jugará el papel que le corresponda, principal o secundario. Todo lo que no tenga utilidad en el cuadro será, por eso mismo, nocivo. La obra comporta una armonía de conjunto: todo detalle superfluo ocupará, en el espíritu contemplador, el lugar de otro detalle esencial.

Igualmente, Matisse se alejaba de la concepción sensorial de la pintura para establecer una representación de la idea de acumulación de sensaciones. Mesa servida(1908, también conocida como Armonía en rojo) es un ejemplo de este proceso, donde la pared y la mesa tienen el mismo color y la misma ornamentación, de manera que el espacio se articula como un plano de color en el que la particularidad de cada una de las partes del escenario se confunde en la representación de las diversas sensaciones acumuladas.

A esto se debe el efecto y la idea de permanencia que se desprende de las obras de Matisse como pinturas de vanguardia en la que subyace un intenso trasfondo de la idea de perennidad clásica.

Matisse renuncia a la tradición impresionista y postimpresionista de sus primeras figuras fauvistas, a la captación de la sensación fugaz y a su traducción en una superficie fragmentada de colores a la manera de un mosaico. La sensación es traducida a un concepto y el cuadro a la plasmación de una acumulación de sensaciones.

Pero en contraposición a esto, como algo propio de la complejidad y diversidad de la vanguardia, unos días después de que Matisse publicase sus Notas de un pintor en 1909 Marinetti lanzaba el Primer manifiesto del futurismo, que planteaba una radical oposición a lo afirmado por Matisse: el mito de la violencia y la velocidad, del vanguardismo y de la negación sacrílega de toda mirada al pasado había hecho su aparición. orful;\lsdprior

1.3. La saturación del color: el Fauvismo.

Toda la renovación de la pintura de las últimas décadas del siglo XIX (a excepción de Cézanne) se había llevado a cabo a través del color frente al imperativo de la forma y el dibujo académico, por lo que en este sentido el Fauvismo fue una prolongación de esta corriente, aunque desde planteamientos radicales.

Su nombre se debe, como en el resto de vanguardias, a una ocurrencia o frase irónica.

En este caso fue el crítico Vauxcelles el que, ante el Torso de un chico de Marque que se hallaba en medio de las pinturas de entre otros Matisse, afirmó que la escultura representaba a “Donatello chez les fauves (fieras)”.

Pero, aunque la exaltación del color era común a todos los artistas del movimiento, éste distaba mucho de ser un grupo programático, puesto que fue la suma de acciones individuales de artistas dispares.

Matisse, Marquet, Manguin, Camoin y Rouault fueron condiscípulos en el taller de Gustave Moreau.

Un segundo grupo formado por Derain y Vlaminck procedía de la escuela de Chateau.

Un tercero estaba formado por la escuela del Havre: Braque, Dufy y Friesz.

El fauvismo no hizo sino llevar hasta sus últimas consecuencias los presupuestos de la teoría del simbolismo, en una búsqueda de nuevos medios de expresión en la que tenían que atreverse a todo, desconfiando del principio de autoridad y fiándose sólo de la verdad de su propia experiencia.

Esta actitud completamente subjetiva resultó fundamental para casi todo el arte moderno.

En 1905 Matisse presentó su “Lujo, calma y voluptuosidad”.

Su forzada y frívola disposición de mujeres desnudas y vestidas en la playa o su síntesis de bloques de color neoimpresionistas, hicieron que se convirtiera en la clave de un nuevo tipo de pintura.

En la obra de la mayoría de los fauves, especialmente en la de Derain y Braque, es muy característica la superficie de colores a la manera de un mosaico.

En “Mujer con sombrero” (1905) Matisse abandona el dibujo en favor de planos de color de bordes ásperos, ofreciendo una pintura de cierta crudeza y dejando algunas zonas en blanco.

Los fauves encontraron en Cézanne el diseño de una superficie creado a base de planos de color.

Las obras de Matisse (“La línea verde”, “Retrato de Mme. Matisse” ó “Retrato de Derain”), Derain (“Retrato de Vlamink”) y Vlamink en estos años de efervescencia muestran una preocupación común por basar la pintura en una expresividad del color y la pasta pictórica.

La superficie del cuadro se halla fragmentada por planos encontrados y contrapuestos de color.

La pintura es una suma de fragmentos que desplazan la representación de lo real según las formas de perspectiva clásica.

No es ni la representación, ni la impresión, sino la sensación permanente que produce la realidad en la mente del pintor.

En otro de los temas desarrollados por estos pintores, el paisaje, la fragmentación se hace mucho más evidente y radical.

En Paisaje de Colliure” (1905) de Matisse, “Las montañas de Colliure” (1905) de Derain y El Circo” (1906) de Vlaminck, el color se erige como protagonista marcado por una fragmentación y un cierto aspecto de obra inacabada.

Derain viaja a Londres y recorre el Támesis, plasmando una poderosa construcción lineal, amplias manchas de color fuerte y puntos de vista inesperados, todo ello con la inconfundible atmósfera de la ciudad, como en “El puente de Waterloo” (1906).

Esta experiencia fue desarrollada por otros miembros del grupo, como Manguin, Marquet o Dufy.

Albert Marquet en su primera etapa fauve realizó unos desnudos que destacan por su atrevimiento en el color y el diseño, para después convertirse en un paisajista de exquisitas tonalidades.

Raoul Dufy realiza sus obras fauve en 1906 en Trouville, pero pronto abandona el fauvismo manteniendo su gusto por los colores brillantes extendidos sobre el lienzo en grandes manchas.

Kees van Dongen, holandés afincado en París se caracteriza por su humor desenfadado y burla en temas del circo y el cabaret.

En las obras de estos artistas se aprecia una desintegración del objeto a través del plano de color.

Braque también tuvo una breve etapa fauve antes de su paso hacia el Cubismo. Accent 1; \ls

1.1. Un nuevo espacio figurativo: Fauvismo y Expresionismo.

En las primeras vanguardias la ruptura con la tradición y la renovación del lenguaje se produjeron en el ámbito de la figuración, pues hasta la aparición de la abstracción en 1910 todos los ensayos giraron en torno a las nuevas formas de representación que dieron lugar a un espacio figurativo que establecía una ruptura con la forma tradicional de la representación: la imagen tridimensional planteada desde una visión monofocal.

Por ello el espacio deja de estar sometido a las reglas de la perspectiva y el rompecabezas espacial (como los decorados expresionistas de El Gabinete del doctor Caligari) produce un ámbito figurativo fragmentado, inquietante y una realidad plástica extraña a nuestra percepción habitual del mundo.

La creación de un nuevo espacio figurativo y la destrucción del sistema de representación tradicional creado en el Renacimiento no fue una aportación exclusiva del Cubismo, pues fue también desarrollado, aunque con menor énfasis por el Fauvismo, el Expresionismo y el Futurismo, puesto que en estas últimas se hizo a través de la importancia del color, de la expresión o de la velocidad.

Desde principios de siglo los fauvistas se plantearon una exaltación límite del color, mientras que en el Expresionismo fueron las acentuadas deformaciones de la realidad, introducidas para expresar por encima de representar, las que plasmaron un nuevo espacio figurativo sometido a sus propios principios.

Y es que ahora este espacio era el resultado de un punto de vista único: el ojo del pintor.

Pero si el Fauvismo fue exclusivamente una tendencia plástica que seguía los avances del color del Postimpresionismo, el Expresionismo se conformó como una actitud ante la vida que tuvo su proyección en el arte, por eso (como el Surrealismo) se proyectó en la literatura, la arquitectura, el teatro y el cine.

En el Cubismo fueron Picasso y Braque quienes plantearon la destrucción del sistema de representación tradicional y, aunque llegaron a una concepción cercana a la abstracción, nunca abandonaron (al igual que los futuristas) la figuración al crear un nuevo sistema de representación.

Por tanto, las experiencias de las primeras vanguardias son diversas, pero mantienen como denominador común su adscripción a la figuración, actitud que mantendrían los pintores que formaron parte de ellas durante toda su carrera artística y una vez que sus grupos se hubieron extinguido.

La razón de ello era que para sus participantes la idea de renovación no era algo contrario a la representación.

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