Las experiencias de Picasso y Braque crearon un lenguaje de vanguardia al que se incorporaron otros artistas.
Uno de ellos fue Juan Gris (1887-1927) (seudónimo de José Victoriano González Pérez), considerado el tercer maestro de esta vanguardia tras sus creadores.
Gris se incorporó al Cubismo en 1911 carente de una actitud experimental, intentando estructurarlo y sistematizarlo, articulando un “orden cubista”.
El Cubismo fue más interesante para Juan Gris como sistema lógico e intelectual que como método experimental.
Juan Gris se inicia en el Cubismo preocupado por el desarrollo de una concepción de la imagen legible e identificable.
Pero pronto su pintura se orientó por unos caminos más intelectualizados, intentando construir una concepción científica de la pintura moderna, en la que el orden sea el fundamento del cuadro.
En 1913 estuvo con Picasso en Céret y reorienta su pintura hacia las experiencias de los creadores del Cubismo.
Gris inicia una etapa más rigurosa y científica, abandonando todo componente empírico y centrándose en una concepción racionalista, en un proceso basado en la idea y la teoría, como podemos ver en “El fumador” (Fran Haviland) (1913, Museo Thyssen Bornemisza).
En las pinturas realizadas entre 1915 y 1920, Gris descubrió su gama de color característica: verde, burdeos, azul y crema salpicados de toques españoles en amarillo y rojo.
Su búsqueda de formas condensadas le llevó de manera progresiva a formas más simplificadas dominadas por curvas y líneas rectas.
En sus collages, las materias retienen sus identidades de origen: un trozo de periódico sigue representando lo mismo en el cuadro, mientras los papeles jaspeados se utilizan para los tableros de mesas de mármol y los papeles que imitan la madera para las paredes de este material. fffff