1.3. La saturación del color: el Fauvismo.

Toda la renovación de la pintura de las últimas décadas del siglo XIX (a excepción de Cézanne) se había llevado a cabo a través del color frente al imperativo de la forma y el dibujo académico, por lo que en este sentido el Fauvismo fue una prolongación de esta corriente, aunque desde planteamientos radicales.

Su nombre se debe, como en el resto de vanguardias, a una ocurrencia o frase irónica.

En este caso fue el crítico Vauxcelles el que, ante el Torso de un chico de Marque que se hallaba en medio de las pinturas de entre otros Matisse, afirmó que la escultura representaba a “Donatello chez les fauves (fieras)”.

Pero, aunque la exaltación del color era común a todos los artistas del movimiento, éste distaba mucho de ser un grupo programático, puesto que fue la suma de acciones individuales de artistas dispares.

Matisse, Marquet, Manguin, Camoin y Rouault fueron condiscípulos en el taller de Gustave Moreau.

Un segundo grupo formado por Derain y Vlaminck procedía de la escuela de Chateau.

Un tercero estaba formado por la escuela del Havre: Braque, Dufy y Friesz.

El fauvismo no hizo sino llevar hasta sus últimas consecuencias los presupuestos de la teoría del simbolismo, en una búsqueda de nuevos medios de expresión en la que tenían que atreverse a todo, desconfiando del principio de autoridad y fiándose sólo de la verdad de su propia experiencia.

Esta actitud completamente subjetiva resultó fundamental para casi todo el arte moderno.

En 1905 Matisse presentó su “Lujo, calma y voluptuosidad”.

Su forzada y frívola disposición de mujeres desnudas y vestidas en la playa o su síntesis de bloques de color neoimpresionistas, hicieron que se convirtiera en la clave de un nuevo tipo de pintura.

En la obra de la mayoría de los fauves, especialmente en la de Derain y Braque, es muy característica la superficie de colores a la manera de un mosaico.

En “Mujer con sombrero” (1905) Matisse abandona el dibujo en favor de planos de color de bordes ásperos, ofreciendo una pintura de cierta crudeza y dejando algunas zonas en blanco.

Los fauves encontraron en Cézanne el diseño de una superficie creado a base de planos de color.

Las obras de Matisse (“La línea verde”, “Retrato de Mme. Matisse” ó “Retrato de Derain”), Derain (“Retrato de Vlamink”) y Vlamink en estos años de efervescencia muestran una preocupación común por basar la pintura en una expresividad del color y la pasta pictórica.

La superficie del cuadro se halla fragmentada por planos encontrados y contrapuestos de color.

La pintura es una suma de fragmentos que desplazan la representación de lo real según las formas de perspectiva clásica.

No es ni la representación, ni la impresión, sino la sensación permanente que produce la realidad en la mente del pintor.

En otro de los temas desarrollados por estos pintores, el paisaje, la fragmentación se hace mucho más evidente y radical.

En Paisaje de Colliure” (1905) de Matisse, “Las montañas de Colliure” (1905) de Derain y El Circo” (1906) de Vlaminck, el color se erige como protagonista marcado por una fragmentación y un cierto aspecto de obra inacabada.

Derain viaja a Londres y recorre el Támesis, plasmando una poderosa construcción lineal, amplias manchas de color fuerte y puntos de vista inesperados, todo ello con la inconfundible atmósfera de la ciudad, como en “El puente de Waterloo” (1906).

Esta experiencia fue desarrollada por otros miembros del grupo, como Manguin, Marquet o Dufy.

Albert Marquet en su primera etapa fauve realizó unos desnudos que destacan por su atrevimiento en el color y el diseño, para después convertirse en un paisajista de exquisitas tonalidades.

Raoul Dufy realiza sus obras fauve en 1906 en Trouville, pero pronto abandona el fauvismo manteniendo su gusto por los colores brillantes extendidos sobre el lienzo en grandes manchas.

Kees van Dongen, holandés afincado en París se caracteriza por su humor desenfadado y burla en temas del circo y el cabaret.

En las obras de estos artistas se aprecia una desintegración del objeto a través del plano de color.

Braque también tuvo una breve etapa fauve antes de su paso hacia el Cubismo. Accent 1; \ls

1.1. Un nuevo espacio figurativo: Fauvismo y Expresionismo.

En las primeras vanguardias la ruptura con la tradición y la renovación del lenguaje se produjeron en el ámbito de la figuración, pues hasta la aparición de la abstracción en 1910 todos los ensayos giraron en torno a las nuevas formas de representación que dieron lugar a un espacio figurativo que establecía una ruptura con la forma tradicional de la representación: la imagen tridimensional planteada desde una visión monofocal.

Por ello el espacio deja de estar sometido a las reglas de la perspectiva y el rompecabezas espacial (como los decorados expresionistas de El Gabinete del doctor Caligari) produce un ámbito figurativo fragmentado, inquietante y una realidad plástica extraña a nuestra percepción habitual del mundo.

La creación de un nuevo espacio figurativo y la destrucción del sistema de representación tradicional creado en el Renacimiento no fue una aportación exclusiva del Cubismo, pues fue también desarrollado, aunque con menor énfasis por el Fauvismo, el Expresionismo y el Futurismo, puesto que en estas últimas se hizo a través de la importancia del color, de la expresión o de la velocidad.

Desde principios de siglo los fauvistas se plantearon una exaltación límite del color, mientras que en el Expresionismo fueron las acentuadas deformaciones de la realidad, introducidas para expresar por encima de representar, las que plasmaron un nuevo espacio figurativo sometido a sus propios principios.

Y es que ahora este espacio era el resultado de un punto de vista único: el ojo del pintor.

Pero si el Fauvismo fue exclusivamente una tendencia plástica que seguía los avances del color del Postimpresionismo, el Expresionismo se conformó como una actitud ante la vida que tuvo su proyección en el arte, por eso (como el Surrealismo) se proyectó en la literatura, la arquitectura, el teatro y el cine.

En el Cubismo fueron Picasso y Braque quienes plantearon la destrucción del sistema de representación tradicional y, aunque llegaron a una concepción cercana a la abstracción, nunca abandonaron (al igual que los futuristas) la figuración al crear un nuevo sistema de representación.

Por tanto, las experiencias de las primeras vanguardias son diversas, pero mantienen como denominador común su adscripción a la figuración, actitud que mantendrían los pintores que formaron parte de ellas durante toda su carrera artística y una vez que sus grupos se hubieron extinguido.

La razón de ello era que para sus participantes la idea de renovación no era algo contrario a la representación.

1.3. La saturación del color: el Fauvismo.

Toda la renovación de la pintura de las últimas décadas del siglo XIX (a excepción de Cézanne) se había llevado a cabo a través del color frente al imperativo de la forma y el dibujo académico, por lo que en este sentido el Fauvismo fue una prolongación de esta corriente, aunque desde planteamientos radicales.

Su nombre se debe, como en el resto de vanguardias, a una ocurrencia o frase irónica.

En este caso fue el crítico Vauxcelles el que, ante el Torso de un chico de Marque que se hallaba en medio de las pinturas de entre otros Matisse, afirmó que la escultura representaba a “Donatello chez les fauves (fieras)”.

Pero, aunque la exaltación del color era común a todos los artistas del movimiento, éste distaba mucho de ser un grupo programático, puesto que fue la suma de acciones individuales de artistas dispares.

Matisse, Marquet, Manguin, Camoin y Rouault fueron condiscípulos en el taller de Gustave Moreau.

Un segundo grupo formado por Derain y Vlaminck procedía de la escuela de Chateau.

Un tercero estaba formado por la escuela del Havre: Braque, Dufy y Friesz.

El fauvismo no hizo sino llevar hasta sus últimas consecuencias los presupuestos de la teoría del simbolismo, en una búsqueda de nuevos medios de expresión en la que tenían que atreverse a todo, desconfiando del principio de autoridad y fiándose sólo de la verdad de su propia experiencia.

Esta actitud completamente subjetiva resultó fundamental para casi todo el arte moderno.

En 1905 Matisse presentó su “Lujo, calma y voluptuosidad”.

Su forzada y frívola disposición de mujeres desnudas y vestidas en la playa o su síntesis de bloques de color neoimpresionistas, hicieron que se convirtiera en la clave de un nuevo tipo de pintura.

En la obra de la mayoría de los fauves, especialmente en la de Derain y Braque, es muy característica la superficie de colores a la manera de un mosaico.

En “Mujer con sombrero” (1905) Matisse abandona el dibujo en favor de planos de color de bordes ásperos, ofreciendo una pintura de cierta crudeza y dejando algunas zonas en blanco.

Los fauves encontraron en Cézanne el diseño de una superficie creado a base de planos de color.

Las obras de Matisse (La línea verde, Retrato de Mme. Matisse ó Retrato de Derain), Derain (Retrato de Vlamink) y Vlamink en estos años de efervescencia muestran una preocupación común por basar la pintura en una expresividad del color y la pasta pictórica.

La superficie del cuadro se halla fragmentada por planos encontrados y contrapuestos de color.

La pintura es una suma de fragmentos que desplazan la representación de lo real según las formas de perspectiva clásica.

No es ni la representación, ni la impresión, sino la sensación permanente que produce la realidad en la mente del pintor.

En otro de los temas desarrollados por estos pintores, el paisaje, la fragmentación se hace mucho más evidente y radical.

En Paisaje de Colliure (1905) de Matisse, “Las montañas de Colliure” (1905) de Derain y El Circo (1906) de Vlaminck, el color se erige como protagonista marcado por una fragmentación y un cierto aspecto de obra inacabada.

Derain viaja a Londres y recorre el Támesis, plasmando una poderosa construcción lineal, amplias manchas de color fuerte y puntos de vista inesperados, todo ello con la inconfundible atmósfera de la ciudad, como en “El puente de Waterloo” (1906).

Esta experiencia fue desarrollada por otros miembros del grupo, como Manguin, Marquet o Dufy.

Albert Marquet en su primera etapa fauve realizó unos desnudos que destacan por su atrevimiento en el color y el diseño, para después convertirse en un paisajista de exquisitas tonalidades.

Raoul Dufy realiza sus obras fauve en 1906 en Trouville, pero pronto abandona el fauvismo manteniendo su gusto por los colores brillantes extendidos sobre el lienzo en grandes manchas.

Kees van Dongen, holandés afincado en París se caracteriza por su humor desenfadado y burla en temas del circo y el cabaret.

En las obras de estos artistas se aprecia una desintegración del objeto a través del plano de color.

Braque también tuvo una breve etapa fauve antes de su paso hacia el Cubismo.

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