1.1. Un nuevo espacio figurativo: Fauvismo y Expresionismo.

En las primeras vanguardias la ruptura con la tradición y la renovación del lenguaje se produjeron en el ámbito de la figuración, pues hasta la aparición de la abstracción en 1910 todos los ensayos giraron en torno a las nuevas formas de representación que dieron lugar a un espacio figurativo que establecía una ruptura con la forma tradicional de la representación: la imagen tridimensional planteada desde una visión monofocal.

Por ello el espacio deja de estar sometido a las reglas de la perspectiva y el rompecabezas espacial (como los decorados expresionistas de El Gabinete del doctor Caligari) produce un ámbito figurativo fragmentado, inquietante y una realidad plástica extraña a nuestra percepción habitual del mundo.

La creación de un nuevo espacio figurativo y la destrucción del sistema de representación tradicional creado en el Renacimiento no fue una aportación exclusiva del Cubismo, pues fue también desarrollado, aunque con menor énfasis por el Fauvismo, el Expresionismo y el Futurismo, puesto que en estas últimas se hizo a través de la importancia del color, de la expresión o de la velocidad.

Desde principios de siglo los fauvistas se plantearon una exaltación límite del color, mientras que en el Expresionismo fueron las acentuadas deformaciones de la realidad, introducidas para expresar por encima de representar, las que plasmaron un nuevo espacio figurativo sometido a sus propios principios.

Y es que ahora este espacio era el resultado de un punto de vista único: el ojo del pintor.

Pero si el Fauvismo fue exclusivamente una tendencia plástica que seguía los avances del color del Postimpresionismo, el Expresionismo se conformó como una actitud ante la vida que tuvo su proyección en el arte, por eso (como el Surrealismo) se proyectó en la literatura, la arquitectura, el teatro y el cine.

En el Cubismo fueron Picasso y Braque quienes plantearon la destrucción del sistema de representación tradicional y, aunque llegaron a una concepción cercana a la abstracción, nunca abandonaron (al igual que los futuristas) la figuración al crear un nuevo sistema de representación.

Por tanto, las experiencias de las primeras vanguardias son diversas, pero mantienen como denominador común su adscripción a la figuración, actitud que mantendrían los pintores que formaron parte de ellas durante toda su carrera artística y una vez que sus grupos se hubieron extinguido.

La razón de ello era que para sus participantes la idea de renovación no era algo contrario a la representación.

4.4. El cine surrealista: Germaine Dulac, Man Ray y Luis Buñuel.

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)

En el París de los llamados “felices veinte” el cine es un retablo de maravillas al que se cobija y mima en el interior de los cineclubs, catacumbas para iniciados donde se descubren y comentan con admiración las nuevas películas alemanas y soviéticas.

Al cine le van a nacer hijos de los movimientos pictóricos como el futurismo, el dadaísmo y el surrealismo.

Delluc abrió el camino, ha visto en el cine un vehículo cultural, un arte receptivo de las inquietudes más vivas.

Viking Eggeling, uno de los fundadores del movimiento dadaísta, que hace nacer el cine abstracto con Diagonal Symphonie(1921).

El pintor dadaísta alemán Hans Richter, con sus Rythmus’21(1921), Rythmus’23(1923) y Rythmus’25(1925), y el pintor alemán Walter Ruttmann, con su Opus 1(1923) y siguientes, inauguraron la escuela experimental alemana.

El pintor francés, Fernand Léger, realizará con Dudley Murphy un Ballet mécanique(1924) compuesto con sus motivos predilectos: engranajes, artículos de bazar, piezas mecánicas, títulos de periódico…

Pero lo más vivo del cine vanguardista de los años veinte nació de la orgía surrealista que se expandió en Europa tras el célebre manifiesto de André Breton (1924).

Torbellino emancipador parido de las entrañas del dadaísmo, arremetió con violencia contra los convencionales cánones establecidos, para retornar a la pureza del “automatismo psíquico” y a las motivaciones irracionales del subconsciente.

La “escritura automática”, desconectadas las riendas de la voluntad, será el método expresivo predilecto de los nuevos poetas, que realizarán su revolución estética a través de los senderos del humor, el horror, la paradoja, el erotismo, el sueño y la locura.

No es raro que la fiebre surrealista contagiase al cine, pues, como ha explicado Buñuel, es “el mecanismo que mejor imita el funcionamiento de la mente en estado de sueño”.

Y el sueño es, no hay que olvidarlo, la forma más pura de automatismo psíquico.

Pero este automatismo irreflexivo de los surrealistas es lo que menos se parece a la laboriosa y prolongada elaboración de una película: ésta será, precisamente, la mayor paradoja del cine surrealista que va a nacer.

Germaine Dulac, escritora y militante feminista que había llevado ya a la pantalla el guión de Delluc La fête espagnole(1919) y el drama conyugal La souriante Madame Beudet(1922-1923), que preludió algunos temas del futuro Antonioni, fue la encargada de inaugurar el capítulo del surrealismo cinematográfico con La coquille et le clergyman(1927), basada en un texto del escritor y actor Antonin Artaud.

Acorde con la tradición de escándalo de toda obra surrealista que se precie, La coquille et le clergyman armó el suyo, y mayúsculo.

El arsenal de símbolos psicoanalíticos y de imágenes oníricas que caracterizaba a la película en cuestión, llevaba en sí el germen de la caducidad, destinándola a envejecer sin remedio.

Después Dulac, defensora de la noción de “cine puro”, intentó materializar la silenciosa “música visual” de las imágenes en Étude cinématographique sur un arabesque (1928), según Debussy, Thème et variations(1928) y Disque 927(1929), bajo la inspiración del preludio en si bemol de Chopin.

Todas estas experiencias vanguardistas, y otras paralelas, despectivas con lo que es argumento y estructura narrativa, estaban inspiradas por una hipertrofia formalista, inventando y experimentando atrevidos recursos que, pasado el infantilismo vanguardista, se incorporarán de una manera lógica y madura al lenguaje cinematográfico habitual: montaje acelerado, sobreimpresiones, desvanecidos, etc.

También es cierto que de este festín de quincallería visual nacerá la gran tradición francesa de los maestros de la cámara, que va de Renoir a Godard.

Y no es menos cierto que a partir de ahora todos los códigos del relato y de la representación cinematográficos han sido puestos en cuestión.

Al movimiento surrealista francés, se incorporó la resaca inconformista de otras latitudes, como el pintor y fotógrafo americano Man Ray, autor de Emak Bakia(1928) y L’Étoile de mer(1928).

Le sang d’un poète (1930) del polifacético Jean Cocteau, niño mimado de los cenáculos parisinos, es una película exasperadamente refinada, barroca, hermética y decadente, que expuso sin embargo con gran franqueza, lo que no deja de ser elogiable, las tendencias homosexuales y misóginas, narcisistas y onanistas de su autor.

Buñuel.

Buñuel estudió con los jesuitas de Zaragoza y en esta época escolar nacieron en él dos obsesiones que perdurarán en toda su obra: su pasión por la entomología y su “descubrimiento” del universo religioso.

En la Residencia de Estudiantes de Madrid, conoció a Federico García Lorca, Ramón Gómez de la Serna y Rafael Alberti, y aportó una inyección de interés cinematográfico.

En 1925 dio el gran salto a París, donde su interés por el cine cristalizó en irresistible vocación al contemplar Der müde Tod, de Fritz Lang.

En 1926 debuta como ayudante del realizador Jean Epstein.

El movimiento surrealista se vio bruscamente enriquecido en 1928 con la arrolladora personalidad del español, que no tardará en convertirse en cineasta “maldito” y en uno de los “monstruos” de la historia del cine.

Al lado de la vigorosa obra de Buñuel resultarán empequeñecidas las restantes producciones surrealistas.

Y en 1929 escribe con Salvador Dalí y dirige Un perro andaluz(Un chien andalou), con un guion tejido con sus sueños. Rodada en quince días, la película produjo el efecto de una bomba.

Su obertura es, coherente con la agresividad del movimiento surrealista, uno de los intentos más afortunados para alterar la digestión de los más tranquilos de espíritu: una navaja de afeitar secciona, en primerísimo plano, un ojo de mujer.

A partir de ahí se desata un torrente de imágenes oníricas, que el propio Buñuel ha calificado de “un desesperado y apasionado llamamiento al asesinato”.

A pesar de que, como producto del puro automatismo, la obra no persigue una explicación por vía simbólica, a veces su laberinto de imágenes gratuitas se ilumina con relámpagos que (tal vez a pesar de sus autores) tienen un sentido.

Tal es el caso del amante que en su aproximación al objeto de su deseo debe arrastrar la pesadísima carga de dos pianos de cola en los que reposan sendos cadáveres de asnos y van atados a dos seminaristas.

La poesía de la película es fundamentalmente, sin embargo, la poesía de lo absurdo.

Pero la conmoción producida por Un perro andaluz fue apenas nada si se la compara con la que causó su siguiente film, La edad de oro(L’Âge d’or, 1930), liberado ya casi completamente de la influencia de Dalí.

Aquí Buñuel lanza un ataque demoledor a lo que suele denominarse “el orden establecido”, coronado con un homenaje blasfemo al marqués de Sade y orquestado con música de Wagner, cuya grandilocuencia multiplica la potencia corrosiva de sus imágenes. Exaltación surrealista del amour fou y denuncia de todos los mecanismos sociales y psicológicos que entorpecen su realización, tuvo la virtud de poner rápidamente en marcha los resortes de autodefensa de la sociedad tan maltratada por Buñuel en su película.

A la quinta semana de su estreno, se organizó una batalla campal en la que salieron malheridas las telas de Dalí, Max Ernst, Man Ray, Miró y Tanguy expuestas en el vestíbulo.

Este incidente y las grandes campañas de prensa, concluyeron con la prohibición del film.

Esta medida policíaca venía a corroborar, en el fondo, la eficacia crítica y demoledora de la película de Buñuel y la gran debilidad y fácil vulnerabilidad de la sociedad a la que ponía en la picota.

Tras un infructuoso paso por Hollywood regresa a España donde rodaría en Las Hurdes el impresionante documental Tierra sin pan(1933), retablo de una miseria alucinante, con profusión de enfermos, tarados y cretinos. A los acordes de la cuarta sinfonía de Brahms Buñuel desvela este museo del horror (con imágenes tan estremecedoras como la del asno devorado por un enjambre de abejas), que se sitúa entre el documental etnográfico, el cine de denuncia social y el aquelarre goyesco. El gobierno español decidió prohibir su exhibición.

El estallido de la guerra civil, donde rueda un documental, el exilio, las acusaciones de comunista hacen este una larga temporada sin rodar.

El gran calavera (1949), la rodó cuando estaba a punto de abandonar el cine y su éxito le permitió seguir rodando.

Los olvidados (1950) retrataba la realidad de pobreza y miseria suburbana. Actualmente es una de las tres únicas películas reconocidas por la Unesco como Memoria del Mundo.

Susana (1951)

Él (1951) que constituyó un fracaso comercial.

Subida al cielo (1952).

Robinson Crusoe (1952).

La ilusión viaja en tranvía (1953).

El río y la muerte (1954)

Así es la aurora (1955).

Ensayo de un crimen (1955).

La muerte en el jardín (1956).

Nazarín (1958) es la primera de las tres películas que realizaría con el actor Paco Rabal.

Los ambiciosos (1958), es una película de compromiso político y social.

Viridiana (1961) significó su eventual regresó a España. L’Osservatore Romano condenó la cinta y la censura española prohibió la cinta y Muñoz Fontán fue obligado a dimitir.

El ángel exterminador (1962) rodó, una de sus películas más personales, en la que aludía a su periodo surrealista transcurrido en Francia.

Diario de una camarera (1963).

Simón del desierto (1964) fue su última película mexicana.

Belle de jour (1966).

Tristana (1970).

Por El discreto encanto de la burguesía, en 1972 se convirtió en el primer director español en conseguir el Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

Con Ese oscuro objeto del deseo (1977), puso el colofón a su obra.

Viking Eggeling:

Diagonal Symphonie (1921).

Hans Richter:

Rythmus’21 (1921)

Rythmus’23 (1923)

Rythmus’25 (1925)

Walter Ruttmann.

Opus 1 (1923).

Fernand Léger y Dudley Murphy:

Ballet mécanique (1924)

Germaine Dulac:

La fête espagnole (1919)

La souriante Madame Beudet (1922-1923)

La coquille et le clergyman (1927)

Étude cinématographique sur un arabesque (1928)

Thème et variations (1928)

Disque 927 (1929)

Man Ray:

Emak Bakia (1928)

L’Étoile de mer (1928).

Jean Cocteau:

Le sang d’un poète (1930)

1 Un perro andaluz 1929      
2 La edad de oro 1930      
3 Tierra sin pan 1933      
4 Gran Casino 1947      
5 El gran calavera 1949      
6 Los olvidados 1950      
7 Susana 1951      
8 La hija del engaño 1951      
9 Él 1951      
10 Una mujer sin amor 1952      
11 Subida al cielo 1952      
12 Robinson Crusoe 1952      
13 El bruto (1953) 1953      
14 La ilusión viaja en tranvía 1953      
15 Abismos de pasión 1954      
16 El río y la muerte 1954      
17 Así es la aurora 1955      
18 Ensayo de un crimen 1955      
19 La muerte en el jardín 1956      
20 Nazarín  1958      
21 Los ambiciosos 1958      
22 La joven 1960      
23 Viridiana. 1961      
24 El ángel exterminador 1962      
25 Diario de una camarera 1963      
26 Simón del desierto 1964      
27 Belle de jour 1966      
28 La Vía Láctea 1969      
29 Tristana 1970      
30 El discreto encanto de la burguesía 1972        
31 El fantasma de la libertad 1974      
32 Ese oscuro objeto del deseo 1977      

4.3. ESTALLIDO DEL CINE SOVIÉTICO

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)

A la Rusia de los zares llegó el cinematógrafo Lumière en 1896.

Su afianzamiento como espectáculo popular fue lento y laborioso, contemplado con desconfianza por las autoridades y los censores.

Como contrapartida, sabemos que los sectores sociales más privilegiados convirtieron a Rusia en el primer cliente del mundo del cine pornográfico francés.

Poco valor tuvo la producción de la Rusia prerrevolucionaria.

Pero en 1917 en el mes de octubre los bolcheviques conquistaron el poder.

A Lenin no se le escapó la enorme trascendencia social del cinematógrafo.

Se nacionaliza la industria cinematográfica bajo la dirección del realizador Vladimir Gardin.

De procedencia teatral, Gardin rodó Hambre… hambre… hambre… (1921) y La hoz y el martillo, de inspiración antirreligiosa, en las que intervinieron Pudovkin como ayudante y actor y el gran operador Eduard Tissé debutó como director de fotografía.

La guerra civil sirvió de valiosa escuela a los operadores y documentalistas que en las primeras líneas del frente empuñaban sus cámaras tomavistas.

Kuleshov comenzó a ejercer como profesor en el Instituto de Cine en 1921.

En 1922 crea el Laboratorio Experimental, del que saldrían discípulos de la talla de Pudovkin y de Boris Barnet.

En este Laboratorio realizó sus “films sin película”, con fotos fijas, y demostró el poder creador del montaje con un famoso experimento, en el que conseguía infundir cargas emocionales de diverso signo a un único primer plano inexpresivo de un actor, según el contenido de los planos que le yuxtaponía: un plato de sopa, un niño, una mujer…

Su película más importante fue Las aventuras extraordinarias de Mr. West en el país de los bolcheviques(1924), sátira de las andanzas de un temeroso senador norteamericano por la Rusia soviética, que lleva un cowboy de guardaespaldas, y que es víctima de los manejos de una banda de rufianes.

La “Fábrica del actor excéntrico” (FEKS), fundada en 1921, inspirada en movimientos teatrales de vanguardia incorporaba los recursos procedentes del circo y del music hall a la interpretación cinematográfica.

Sus teorías fueron aplicadas por vez primera al cine en la película Las aventuras de Octobrina(1924), de Kózintsev y Trauberg, con personajes fuertemente tipificados, al modo de la Commedia dell’arte (el capitalista Poincaré, la joven Octobrina, etc.).

La nueva Babilonia (1929), de Kózintsev y Trauberg, fue su obra de madurez, que resultó mucho más clásica.

Dziga Vértov fundó en 1922 y dirigió el noticiario Kino-Pravda (Cine-verdad), en donde aplicó sus teorías extremistas del “Cine-ojo” (Kino-glaz), cuya meta era la de desembarazar a la captación de imágenes de todos sus artificios para conseguir una inalcanzable “objetividad integral”, que creía posible debido a la inhumana impasibilidad de la pupila de cristal de la cámara.

Proscribe todo lo que pueda falsear o modificar la realidad bruta: guion, actores, maquillaje, decorados, iluminación…

La influencia de Vértov en el cine documental ha sido enorme.

Suyas son La sexta parte del mundo (1926), El hombre de la cámara (1929), Tres cantos sobre Lenin (1934).

Eisenstein iba a imponer al cine ruso como uno de los más avanzados del mundo.

Durante la Revolución tomó partido por la causa bolchevique.

Tiene una imperiosa exigencia verista y una doble influencia de Griffith y de Vértov.

Toda su obra nacerá de un sabio compromiso y síntesis entre el más crudo realismo documental y el simbolismo y expresionismo más barroco.

Postulaba el empleo en cine de las “atracciones”, estimulantes estéticos agresivos, de naturaleza similar a los utilizados en los espectáculos circenses y de music hall.

La huelga (1924), que exponía la acción huelguística de los obreros de una factoría metalúrgica, aplastada implacablemente en un baño de sangre por los soldados zaristas.

La potencia emocional de La huelga nacía más de su carácter coral donde la masa, era protagonista que de sus experimentos de “atracciones”, a veces discutibles o desconcertantes, que crean una curiosa amalgama de realismo documental y metáforas simbolistas.

En este sentido, su escena más célebre es la del desenlace, que mezcla, en violento montaje alternado, la brutal represión zarista con imágenes sangrientas de reses sacrificadas en el matadero, para conseguir el arco reflejo que debe transportar al espectador, en sus mismas palabras, “de la imagen al sentimiento y del sentimiento a la idea”.

No se explotó comercialmente en el extranjero, rechazada por el bloqueo general alzado contra aquel nuevo cine revolucionario.

El acorazado Potemkin (1925) prestigiaría el cine soviético y el nombre de su realizador en todo el mundo.

En escenarios naturales y utilizando un buque gemelo rodó la impresionante epopeya revolucionaria, estructurada al modo de las tragedias clásicas en cinco actos.

La ejemplar sobriedad y simplicidad lineal de esta gran odisea colectiva (en la que tan sólo aparecen unas brevísimas pinceladas individuales para humanizar al pueblo, en contraste con la fría e impersonal imagen de las fuerzas zaristas) se articuló con 1.290 planos, combinados con maestría genial mediante el montaje rítmico, preciso, casi matemático, de Eisenstein.

Los movimientos de cámara, en cambio, fueron escasísimos (dos travellings en la escena de la escalinata y una larga panorámica oblicua para descubrir a la multitud en el malecón del puerto), porque eran innecesarios, al estar el movimiento determinado por la acción y por el montaje.

Su consumada sabiduría técnica le llevó a crear un tempo artificial, prolongado hasta casi seis minutos, para potenciar el angustioso dramatismo de la atroz y antológica escena de la escalinata —de ciento setenta planos— en la que un pueblo indefenso es brutalmente agredido y diezmado por las balas de los fusiles zaristas.

Prescindiendo de simbolismos intelectuales (con una única excepción: los leones de piedra que se alzan simbolizando la rebelión) y con una espléndida fotografía de gran veracidad documental, debida a su fiel Eduard Tissé, Eisenstein consiguió insuflar en este drama épico un aliento de incontenible grandeza que hace trascender los límites de unepisodio histórico concreto para convertirse en la gran epopeya de la rebelión.

Magnífica sinfonía coral, mantenida con un sostenido y estremecedor crescendo dramático, consiguió con su tremendo impacto y a pesar del forcejeo y artimañas de las censuras (que en varios países alteraron su montaje y sentido original) imponerse en todo el mundo como una auténtica e indiscutible obra maestra, jalón decisivo en la evolución histórica del cine.

La realización de Octubre (1927) resultó muy laboriosa.

A algunos abusos de los simbolismos intelectuales y de las metáforas hay que atribuir ciertas oscuridades e incoherencias del relato histórico, acentuadas por los cortes infligidos en la versión que circuló en Occidente.

Eisenstein recurre a los más alambicados e ingeniosos expedientes gráficos: paralelismos visuales entre Kerenski y Napoleón o el discurso del dirigente antibolchevique comparado con la melodía de unas arpas.

A veces el simbolismo está integrado de un modo coherente y lógico en la acción: la gigantesca araña del Palacio de Invierno, asediado por los revolucionarios, que se tambalea como el gobierno mismo.

La película es un esfuerzo de inventiva visual y seguía siendo fundamentalmente una película de masas.

La línea general (1929), película didáctica y propagandística que canta la colectivización agraria, los nuevos métodos de cultivo y la mecanización del campo.

Que de un temario árido y estalinista puede extraerse una sinfonía visual lo demuestra Eisenstein con su canto geórgico a las desnatadoras, a los tractores o al violento apareamiento del toro, que arremete contra la vaca cubierta de flores…

Pero otra vez la pirotecnia cerebralista de Eisenstein, alquimista de un laboratorio de imágenes, impide la emoción purísima que se desprendía del simple relato revolucionario del Potemkin.

Por vez primera, comienza a apuntarse la aparición en la obra de Eisenstein del héroe individual, porque, aunque la película tenga un carácter eminentemente coral, la joven campesina Marfa Lapkina es la que conduce la lucha por la transformación del campo.

Pudovkin debutó como realizador con el cortometraje cómico La fiebre del ajedrez (1925), y con el documental El mecanismo del cerebro (1925-1926), que ilustraba las célebres teorías sobre reflejos condicionados del fisiólogo Iván Pávlov.

En 1926 inició la realización de su gran trilogía revolucionaria, compuesta por La madre(1926), adaptando libremente la novela homónima de Gorki, El fin de San Petersburgo(1927), realizada para conmemorar el décimo aniversario de la Revolución, y la anticolonialista Tempestad sobre Asia(1928), tres opera magna del nuevo cine soviético.

Estas tres películas de Pudovkin se centraron en el examen de la toma de conciencia política de sus personajes individualizados.

Pudovkin fue un adelantado discípulo de Griffith en lo tocante a la técnica de las acciones paralelas, orquestó con frecuencia sus relatos individuales con grandes temas colectivos.

Así, El fin de San Petersburgo desarrolla también el tema de la transformación de la burguesa y burocrática ciudad de San Petersburgo en la revolucionaria Leningrado.

Pudovkin usa también las metáforas visuales, pero a diferencia de Eisenstein las integra de un modo realista en la acción.

El final de La madre muestra una gran manifestación, en la que participa la protagonista, que permite a su hijo huir de la cárcel.

Pero estas dos acciones paralelas (la manifestación y la cárcel) están orquestadas con una tercera: el deshielo del río que es una metáfora realista, ya que además de ser un símbolo de la alegría de la liberación de Pavel y de la arrolladora acción de las masas desbordadas, es un elemento realista incorporado a la acción, pues es primavera (época del deshielo) y Pavel escapará corriendo sobre los bloques de hielo que se están cuarteando.

Dovjenko con Arsenal(1929), film épico sobre la guerra civil, demostró su capacidad en el manejo de imágenes-símbolo. La tierra(1930), obra maestra que transpira amor hacia su Ucrania natal. La idea central es la del ciclo biológico.

Ilyá Trauberg, que con gran brío narrativo cantó el movimiento revolucionario en China en El expreso azul(1929).

Una parte de la producción retrató las costumbres y problemas cotidianos, como en Cama y sofá(1927), de Room, que partía del problema de la vivienda en Moscú para mostrar la cohabitación de dos hombres y una mujer, film inscrito en la polémica contra el aborto y que fue muy discutido por sus implicaciones sexuales.

Pudovkin trabajaba sobre “guiones de hierro” minuciosamente preparados, a diferencia de Eisenstein.

Para Pudovkin el montaje se establecía a priori (es decir, en el guion escrito), mientras Eisenstein defendía la noción del montaje a posteriori, utilizado para expresar, mediante el choque de imágenes, impetuosos conflictos dialécticos.

Eisenstein repudió el montaje clásico, el montaje entendido como mera adición de planos, tal como lo concibió Griffith y lo utilizaron Kuleshov y Pudovkin.

No deja de ser curioso que Eisenstein derivara sus teorías sobre el montaje del estudio de los ideogramas japoneses, en los que de dos nociones yuxtapuestas surge una tercera.

Este método le permitiría partir de elementos físicos representables para visualizar conceptos e ideas difícilmente representables en sí mismos.

Los maestros rusos han hecho nacer el auténtico cine de masas, han llevado las imágenes al límite del realismo, despojadas de todo artificio teatralizante, han hecho añicos el star-systemcomo fórmula y la película-mercancía, y han creado con el montaje la verdadera sintaxis del cine.

Con la escuela soviética el cine ha incorporado al drama coral de las multitudes, el pathos de la tragedia clásica.

Vladimir Gardin.

Hambre… hambre… hambre…

La hoz y el martillo

Kuleshov

Las aventuras extraordinarias de Mr. West en el país de los bolcheviques (1924)

Fábrica del actor excéntrico

Las aventuras de Octobrina (1924), de Kózintsev y Trauberg

La nueva Babilonia (1929), de Kózintsev y Trauberg

Dziga Vértov

La sexta parte del mundo (1926)

El hombre de la cámara (1929)

Tres cantos sobre Lenin (1934).

Eisenstein:

La huelga (1924)

El acorazado Potemkin (1925)

Octubre (1927)

La línea general (1929)

Pudovkin:

La fiebre del ajedrez (1925)

El mecanismo del cerebro (1925-1926)

La madre (1926)

El fin de San Petersburgo (1927)

Tempestad sobre Asia (1928)

Dovjenko:

Arsenal (1929)

La tierra (1930)

Ilyá Trauberg:

El expreso azul (1929)

Room

Cama y sofá (1927)

5.2. Chaplin

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)

Chaplin es un humanista que reconoce bien a la sociedad en que vive y sabe de sus lacras e injusticias, que ha padecido en su propia carne.

En 1914 se estrenaba su primera película, Charlot periodista.

Pero fue con su segundo film, ‘Carreras sofocantes’, cuando dio a conocer el personaje del vagabundo.

En ese mismo año rodó 35 cortos de entre doce y dieciséis minutos de duración, escritos y dirigidos por Sennett, el propio Charles u otros directores.

El éxito fue inmediato y universal.

Charles Chaplin se asoció con Douglas Fairbanks, Mary Pickford y Griffith para fundar la productora United Artists (1919)

El chico (1921), evocación de los días de su temprana lucha por la vida, y las amargas jornadas sin nada que llevarse a la boca.

Aquí se hace evidente el desplazamiento del mundo chapliniano desde la caricatura hacia la tragedia, trascendiendo lo folletinesco del asunto gracias a la enorme fuerza patética de sus imágenes.

Una mujer de París (1923) está considerada como la primera película psicológica de la historia del cine y el primer auténtico estudio realista de costumbres.

La ausencia del popular vagabundo hace que la película sea recibida fríamente, también porque el público no está acostumbrado a contemplar en la pantalla tal sutileza de sentimientos ni la ambigüedad de caracteres, que quiebra el clásico y pueril esquema de “buenos” y “malos”.

Con un asunto banal, el humanista Chaplin lanzaba una amarga acusación contra los prejuicios y la intolerancia que hacían imposible la felicidad de dos seres que se aman.

Su extremada preocupación por obtener un gran realismo psicológico de los personajes le llevó a construir algunos decorados con cuatro paredes y a fotografiar las escenas a través de un orificio perforado en una de ellas, como espiando su intimidad.

En su afán de penetrar en el mundo interior de los personajes, utilizó por vez primera en el cine de un modo plenamente maduro y sutil las sugerencias visuales y las elipsis. 

Tras este experimento marginal en su carrera, Chaplin volvió a su sombrero hongo y a su bigotito, para revivir las penalidades de los buscadores de oro en la Alaska de 1898, en La quimera del oro (1925).

En el Hollywood devorado por Wall Street y agarrotado por el star-system, la sinceridad y la autenticidad creadora son virtudes nada fáciles de practicar.

Por eso la obra de Chaplin emerge con tanta fuerza entre las cascadas de celuloide pomposo, grandilocuente y cretinizante.

En 1928 rueda El circo, fue nominado a 4 Oscar, pero se le concedió uno honorífico.

Luces de la ciudad (1931) aparece impregnada de una lúcida amargura.

El vagabundo idealista será zarandeado por los zigzagueantes azares de la vida, que en esta película toman cuerpo en un millonario al que ha salvado del suicidio en plena borrachera.

Cuando se halla en estado de embriaguez, el caprichoso millonario se convierte en su amigo y protector, pero le repudia y desconoce cuándo está sereno.

Charlot obtiene su ayuda económica para que pueda operarse de la vista una humilde muchacha ciega vendedora de flores, por la que siente un tierno afecto.

La mala fortuna y el variable humor del millonario se confabulan para llevarle a la cárcel.

Cuando sale, la bella florista ha recobrado la vista y tiene una tienda elegante, pero no reconoce al pobre vagabundo.

Le obsequia con una flor y una moneda y, al hacerlo, se da cuenta de que es su bienhechor.

Ella ve, al fin.

Esta incursión en el más puro folletín podría haber resultado fatal para otro artista, pero la gracia alada de Chaplin convierte el melodrama en una película conmovedora.

Su repudio del cine sonoro le llevó a utilizar únicamente una banda musical (basada en el tema de La violetera de José Padilla, que Chaplin había oído de labios de Raquel Meller), pero incluyó una burlona parodia del cine hablado en el ininteligible discurso protocolario de la inauguración de una estatua, al principio de la película.

Su espíritu polémico tuvo ocasión, en Tiempos modernos(1936), de hacer un balance pesimista de la barbarie del supercapitalismo y de la deshumanizada ultratecnificación industrial: el enloquecedor trabajo en cadena, la máquina que ahorra el tiempo que los obreros invierten en la comida, la multitud que acude al trabajo como rebaño de corderos, el desempleo…

Este tragicómico retablo social de los años de la depresión, que no es tanto una crítica contra el maquinismo industrial como una crítica contra la inhumana explotación del hombre por el hombre, estuvo realizado también siguiendo los cánones de la estética muda y de la pantomima, si bien con el añadido de una banda musical, numerosos efectos sonoros (ruidos de máquinas, timbres, etc.) y hasta algunas palabras.

De hecho, esta película cerró el ciclo de su autor y fue, también, la última obra protagonizada por el vagabundo Charlot.

La aceptación plena de las posibilidades del cine sonoro no se produjo hasta su siguiente El gran dictador(1940), sátira feroz contra las dictaduras nazi y fascista que Chaplin realiza a pesar de las presiones y amenazas de la embajada alemana en Washington.

La valiente postura combativa de Chaplin en una América que todavía permanece neutral y espectadora ante el incendio bélico que abrasa a Europa, le valió no pocas críticas y levantó encendidas polémicas.

Chaplin realizó una creación magistral en dos papeles distintos, el del dictador Hynkel (caricatura de Hitler) y el de un pobre barbero judío perseguido por las fuerzas del dictador, mientras la figura de Benito Mussolini era parodiada por Jack Oakie, en el papel de Napaloni.

El carácter excepcional e independiente de Chaplin y su humanismo polémico le colocan como una figura fuera de serie, criticado y combatido por el mundillo chismoso de Hollywood y por la influyente cadena periodística de William Randolph Hearst e incluso perseguido por el Comité de Actividades Antinorteamericanas.

En realidad, se trata de un caso marginal e insólito en relación con el grueso de la producción cinematográfica americana.

Por eso, la industria de Hollywood le mira con escéptico recelo y no le toma en cuenta en sus sistemas de valoración.

En este clima moral se comprende el éxodo europeo de personalidades como Charles Chaplin, Orson Welles, Jules Dassin o Joseph Losey.

La última película americana de Chaplin es Monsieur Verdoux(1946), inspirada en un argumento de Orson Welles, que, esbozando el retrato de un atildado asesino francés de mujeres, expone cómo aquel buen padre de familia asesina a doce mujeres para mantener con su fortuna a los suyos, componiendo una amarga y lúcida parábola sobre la fragilidad de la moral que rige las relaciones humanas.

La película escandalizará a algunos sectores de la opinión pública, que arremeten con furia contra el gran artista.

En 1952 Chaplin abandona definitivamente los Estados Unidos y realiza e interpreta en Inglaterra Candilejas(1952), historia del payaso Calvero que transcurre en el ambiente de los music halls londinenses antes de la Primera Guerra Mundial, evocación sentimental con regusto autobiográfico, memorias afectivas del gran actor inglés.

Como memorias políticas suyas serán Un rey en Nueva York(1957), despiadada disección de la sociedad norteamericana, que causa no pocos quebraderos de cabeza al destronado rey Shadov (Charles Chaplin), exiliado político en este país por haber intentado la locura de utilizar la energía atómica con fines pacíficos.

Resumen:

  1. Charlot periodista. (1914) Su primera película,
  2. Carreras sofocantes (1914) 1ª con su personaje del vagabundo.
  3. Charles Chaplin United Artists (1919)
  4. El chico (1921).
  5. Una mujer de París (1923).
  6. La quimera del oro (1925).
  7. El circo (1928)
  8. Luces de la ciudad (1931)
  9. Tiempos modernos (1936)
  10. El gran dictador (1940).
  11. Monsieur Verdoux (1946)
  12. Candilejas (1952).
  13. Un rey en Nueva York (1957).

Keystone: Chaplin apareció en 35 películas de Keystone Studios, todas producidas por Mack Sennett. Casi todas de un rollo de longitud.

Essanay: Chaplin escribió, dirigió y actuó en 15 películas para Essanay Studios, todas las cintas fueron producidas por Jesse T. Robbins. Casi todas de dos rollos.

Mutual: Chaplin escribió, produjo, dirigió y actuó en 12 películas para Mutual Film Corporation, la que creó Lone Star Studios exclusivamente para las películas de Chaplin. Todos los lanzamientos de Mutual son de dos rollos de extensión.

First National: Chaplin escribió, produjo, dirigió y actuó en nueve películas para su propia compañía de producción entre 1918 y 1923. Estas películas fueron distribuidas por First National.

United Artists: Chaplin comenzó a lanzar sus películas a través de United Artists en 1923. Desde este momento todas sus películas fueron largometrajes. Produjo, dirigió y escribió ocho películas y actuó en todas menos en la primera. A partir de Luces de la ciudad también escribió las partituras de sus películas.

 

3.5. DE MAX LINDER A LAS TARTAS DE CREMA.

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)

El jardinero regado fueprimer chiste visual de la historia del cine.

Al humor anónimo de las inocentes cintas de Lumière, cuya mecánica elemental procedía de las pantomimas del music hall, sucedieron los cómicos fuertemente individualizados y caracterizados, verdaderos payasos de la pantalla.

André Deed fue uno de los primeros, en la línea grotesca del Pierrot italiano y del Augusto circense, causante de estropicios y blanco de todos los golpes.

Fue discípulo de Méliès.

Contratado por Pathé, creó en 1906 el personaje burlesco Boireau y en 1909 el de Gribouille.

En España se le conoció con los nombres de Toribio y de Sánchez y en Italia como Cretinetti.

Prince-Rigadin (Salustiano, en España) paseó por la pantalla su boba expresión y su nariz respingona, acumulando contratiempos y desventuras, a costa de las cuales el hombre de la calle se reía de buena gana, sin caer en que lo hacía de su propia imagen reflejada en un espejo deformante.

Toda esta cohorte de bufones —Léonce Perret (Manolo), Ferdinand Guillaume (Polidor), Jean Durand (Onésimo), etc.— regocijó con sus simplezas a un público no demasiado exigente, que reía con el contraste y el disparate y para el que una imagen desarrollada al revés (como el bañista que vuela desde el agua al trampolín) era el colmo de la comicidad.

Mack Sennett se referirá a esta época como de la protocomedia o paleofarsa cinematográfica.

Hasta 1914, los payasos del cine francés monopolizaron prácticamente la comicidad de la pantalla.

Su importancia histórica no habría rebasado un nivel discreto de no haber sido por la extraordinaria personalidad de Max Linder.

Max Linder ha de ser considerado como el primer gran cómico de la pantalla y, a título de tal, inspirador y promotor de la edad de oro de la comedia cinematográfica muda.

En 1905 su carrera se orienta hacia el cine y comienza a actuar en los estudios de Charles Pathé, si bien es cierto que sus primeras cintas (dirigidas por Zecca, Nonguet y Gasnier) pasaron sin pena ni gloria.

En Max patinador(1906) apareció por vez primera con su atuendo característico de caballero distinguido: chaqué, chaleco de fantasía, pantalón a rayas, botas de charol con caña de ante, guantes claros y sombrero de copa.

Su vestimenta, sus ademanes, su fino bigote y su blanca dentadura le adscriben a una clase y a un medio social.

Su porte elegante de señorito calavera advierte ya que no se trata de uno de tantos bufones grotescos y extravagantes, de estirpe circense.

Menudo y nervioso, incorpora a su tipo un aire mundano de actor boulevardier, de gestos distinguidos y reflejos vivaces.

La novedad del personaje estuvo acompañada, por ley de necesidad, de una novedad en el estilo cómico.

Max Linder no basó su comicidad en las cabriolas, caídas, persecuciones, peleas y acrobacias.

Max no necesitó recurrir al furor destructivo que caracterizó a casi todo el cine cómico primitivo; su comicidad nacía, simplemente, de la creación de situaciones comprometidas en las que, no obstante, jamás llegaba a perder la compostura.

Su temática, por otra parte, procede del repertorio vodevilesco y de las comedias de enredo.

Su apogeo corresponde al período 1911-1913, momento en que se sitúa como el actor más popular (y más caro: un millón de francos al año) de todo el cine europeo: Max y la inauguración(1911), El casamiento de Max(1912), Max torero (1913), etc.

En Víctima de la quinina(1911), considerada como su obra maestra, aparece intoxicado involuntariamente por la quinina y provocando conflictos por la calle.

Tropieza sucesivamente con un comisario de policía, con un embajador y un general, que ofendidos le retan a duelo, entregándole sus respectivas tarjetas.

Unos guardias le detienen por alborotador, pero Max les enseña sus tarjetas y los agentes, impresionados, tratan de conducir a su casa a tan respetable borracho, llevándolo a la fuerza al domicilio del comisario, del embajador y del general, en donde le acuestan en el lecho de la generala…

Llega el auténtico general e, indignado, arroja al intruso por la ventana, yendo a caer a los pies de los guardias, que atónitos se cuadran militarmente ante Max…

En Max pedicuro(1914) aparece de rodillas declarándose a una dama, cuando de pronto irrumpe el padre con cara de pocos amigos.

Max trata de disimular improvisándose como pedicuro de la señorita. Entonces el padre aprovecha para hacerse arreglar también los pies.

Fue movilizado en 1914 y ligeramente herido poco después.

La falsa noticia de su muerte desató los primeros fenómenos de histeria colectiva que registran los anales del star-system.

En octubre de 1916 marchó a los Estados Unidos contratado por la productora Essanay (que acababa de perder a su gran figura Charles Chaplin), cobrando 5.000 dólares semanales por doce películas en un año.

Pero la comicidad de Max comenzaba a ser eclipsada por las brillantes creaciones de la escuela norteamericana, animada por Mack Sennett.

Su hipocondría, por otra parte, se fue agudizando, complicada con el uso de las drogas y las desavenencias conyugales.

Su vida termina el 30 de octubre de 1925, cuando se suicidó, en compañía de su mujer, cortándose las venas de la muñeca.

Nacido en Francia, el cine cómico conoció su era de esplendor en los Estados Unidos, en la que se ha dado en llamar “edad de oro de la comedia” (1912-1930).

El factor que estimuló decisivamente el desarrollo de este género, con cintas de uno o dos rollos, fue la demanda de los circuitos de exhibición, cuyas salas explotaban como base de programa películas de seis rollos y ofrecían, en su primera parte, un noticiario de actualidades, uno o dos documentales y un corto cómico.

El cortometraje cómico, recibido con regocijo por el público, pasó a convertirse en un ingrediente imprescindible en la programación.

Hablar del cine cómico americano es hablar del canadiense Michael Sinnott, popularizado con el seudónimo de Mack Sennett.

Se formó como intérprete y ayudante de dirección a las órdenes de Griffith, en la productora Biograph (1909-1910).

En 1911 inició su carrera de realizador y en julio de 1912 fundó la productora Keystone, que se convertirá en el centro de gravedad del burlesque americano.

La primera Keystone Comedy que realizó Sennett se tituló Cohen at Coney Island(1912) y obtuvo un éxito tan impresionante que la empresa comenzó a producir sin descanso, a un ritmo frenético que no podrá mantenerse indefinidamente.

En esta época Sennett contaba con una troupe de tan sólo cuatro miembros fijos, pero fue capaz de llegar a producir en un año 140 cortos, de uno o dos rollos, la mayor parte improvisados en plena calle o en el lugar de rodaje, sin guion previo.

Pero la evolución del género hizo que, en 1916, con docenas de actores, realizadores y empleados a su disposición, necesitara un mes para rodar un corto de dos rollos.

Siendo la obra de Sennett de una importancia capital, no lo fue menos su tarea de “descubridor” de talentos — actores, directores y gagmen— de la más variada procedencia y condición.

Sennett ha lanzado, formado o descubierto nombres de la talla de Charles Chaplin, Mabel Normand, Roscoe Arbuckle (Fatty), Ben Turpin, Harold Lloyd, Harry Langdon, Wallace Beery, Louise Fazenda, Ford Sterling, Gloria Swanson, W. C. Fields, Bing Crosby, Marie Dressler, Chester Conklin y Mack Swain.

La copiosísima obra de Sennett (más de mil quinientas películas en dieciocho años) dio sus mejores frutos en la época Keystone y en la Triangle, período en que alcanzó especial popularidad por sus célebres bathing beauties, provocativas bellezas enfundadas en castísimos trajes de baño, revoloteando en las playas californianas para el escándalo de las gentes honestas.

Este hallazgo, nacido un día de 1915 en que Sennett asistió a un concurso de trajes de baño en la playa de Santa Mónica, iba a resultar decisivo en la configuración de su tipología picaresca.

Algunas de estas bañistas (Gloria Swanson, Phyllis Haver, Louise Fazenda, Marie Prévost, Bebe Daniels, Zasu Pitts, Sally Eilers) no tardaron en alcanzar el trampolín de la fama.

Sennett también creó las regocijantes “comedias de tartas de crema”.

El cine de Sennett se caracterizará, precisamente, por una extraordinaria libertad y una pasión destructiva.

La obra de Sennett es pura, espontánea y popular.

El mundo dislocado de Sennett, con sus vertiginosas persecuciones en Ford T, carreras sobre tejados, caídas desde alturas increíbles, porrazos, patadas al trasero, tartas de crema, bombas de dinamita, orgías de destrucción (y no sólo de objetos, sino del orden establecido y de sus más respetables y severas encarnaciones, que son los policías), es el producto espontáneo de una civilización joven, no condicionada por una abigarrada tradición cultural.

No es cierto que Sennett se haya sacado de la manga unas formas cómicas inéditas.

El slapstickde Sennett es el último eslabón evolutivo de una forma escénica que floreció en la Italia renacentista con el nombre de Commedia dell’arte.

Las comedias de Sennett están asentadas, como la Commedia dell’arte, en una tipología social fuertemente caricaturizada, base de la parodia: bigotudos policías, bellas ingenuas, gruesos e irritables burgueses…

El medio de expresión de la sátira social es, en ambos casos, la pantomima, y su norma, también en ambos, la improvisación.

El paralelismo entre las dos formas de espectáculo es muy tentador, pero se detiene aquí, pues la Commedia dell’arte (como el cine de Méliès) se desarrolla en el limitado marco de un escenario y coartada por las convenciones teatrales, mientras que el slapstick se desenvuelve en un espacio tremendamente real y concreto.

El privilegiado sol y clima de California permitieron a los cineastas el rodaje habitual en exteriores.

Entonces, por primera vez en la historia de la comedia, los payasos pudieron evolucionar en un decorado real, entre coches, tranvías, guardias y casas de verdad.

En este mundo concreto se insertó la actuación colectiva, ballet frenético, de la Commedia dell’arte de Sennett.

Hay que observar que al espacio real no correspondió un tiempo real, pues el ritmo de sus películas era alucinante, endiablado.

Sennett tampoco inventó el gag, unidad hilarante que tiene su antecedente lejano en los lazzi de la Commedia dell’arte y su antecedente próximo en el music hall, de cuya jerga procede la palabra.

El primer gag del cine fue el de El jardinero regado de Lumière.

Los cómicos franceses apoyaron su actuación en el gag de modo que, al igual que su maestro Griffith, Sennett cumplió el papel de un sistematizador, secundado por un equipo de gagmen, cuyos hallazgos son todavía plagiados incansablemente por los cómicos europeos y americanos.

Sennett jamás teorizó sobre la naturaleza y esencia del gag.

Sennett fue, como su maestro Griffith, un práctico y un intuitivo, un fecundo y genial intuitivo.

De Griffith adquirió la imprescindible soltura técnica y agilidad narrativa y formó con él y con Thomas H. Ince el triángulo creador sobre el que se asienta la historia del cine norteamericano.

DE MAX LINDER A LAS TARTAS DE CREMA.

El jardinero regado de Lumière.

André Deed en 1906 el personaje burlesco Boireau y en 1909 el de Gribouille.

Prince-Rigadin (Salustiano, en España).

Léonce Perret (Manolo)

Ferdinand Guillaume (Polidor)

Jean Durand (Onésimo).

Max Linder.

Max patinador (1906)

Max y la inauguración (1911)

El casamiento de Max (1912)

Max torero (1913)

Víctima de la quinina (1911)

Max pedicuro (1914)

Mack Sennett.

Productora Keystone

Cohen at Coney Island (1912)

llegar a producir en un año 140 cortos

“descubridor” de talentos

bathing beauties,

“comedias de tartas de crema”.

slapstick

gag

Sennett cumplió el papel de un sistematizador, secundado por un equipo de gagmen. ��

3.3. THOMAS H. INCE Y LA NUEVA ÉPICA.

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)

Thomas Harper Ince (1882-1924) vino al mundo en el seno de una familia de actores y siguió a su vez la profesión de sus padres, si bien ocasionalmente se vio obligado a trabajar como mozo de café.

Autodidacta, alardeaba de no haber leído jamás en su vida un libro, realizó o supervisó centenares de películas (westerns en su mayoría) y fue quien prestigió y difundió por todo el mundo este género genuinamente americano.

Murió en unas circunstancias un tanto extrañas, circuló la versión, jamás desmentida, de que Ince murió a causa de los disparos del millonario y magnate de la prensa William Randolph Hearst, al sorprenderle una noche, en la cubierta de su yate, en apretada compañía de la estrella Marion Davies, amante oficial de Hearst.

Ince comenzó a trabajar en el cine como figurante, hasta que en 1911 Laemmle le dio las primeras oportunidades para dirigir.

Pero su colaboración fue breve, debido a discrepancias artísticas.

Fue a entrevistarse con los productores Kessel y Bauman, que confiaron a Ince la dirección de una de sus productoras, la Bison, situada en Los Ángeles y especializada en westerns.

Allí Ince contrató al circo Ranch, que invernaba junto al cañón de Santa Mónica, y utilizó a sus artistas (cowboys de verdad, tiradores de rifle, domadores de potros, lanzadores de lazo e indios auténticos) en sus películas.

La primera realización importante de Ince fue Across the Plains(1911), sobre la avalancha humana que en 1848 invadió California, a causa de la “fiebre del oro”.

La tradición del western, como género cinematográfico, era breve.

Edwin S. Porter, Broncho Billy y Francis Boggs (que dirigió a Tom Mix) habían creado los patrones fundamentales, de acuerdo con los esquemas morales de la América virtuosa, puritana y antiindia de los pioneros.

En estas películas, que se nutrían de la mitología creada por la conquista y colonización del Oeste, la acción dominaba sobre la psicología y los paisajes naturales sobre el decorado.

La epopeya del Oeste constituye la historia de un país sin historia.

Deliberadamente amputada de una parte esencial (la de los pieles rojas, con su cultura, sus gestas heroicas y sus bellas leyendas), la biografía del Oeste americano comienza para los blancos con:

  • la expansión de los colonos a lo largo de Ohio
  • prosigue con el transporte de ganado,
  • la fiebre del oro,
  • la construcción del ferrocarril,
  • la guerra contra los indios,
  • las luchas entre ganaderos y agricultores
  • y tantas otras gestas que los libros de Zane Grey y las películas de Hollywood, explicando las cosas a su manera, han contribuido a divulgar.

Porque la filosofía del western hace buenas migas con la sentencia del general Sheridan: “El único indio bueno es el indio muerto”.

(Gubern: “Los únicos indios amigos son los indios muertos”)

Nada nos dicen de la aniquilación masiva de bisontes, fuente alimenticia de los pieles rojas, de los que Buffalo Bill, haciendo honor a su nombre, mató cinco mil en diecisiete meses.

Ni tampoco nos hablan los westerns de la matanza de cheyenes desarmados a cargo de las tropas del general Custer, porque el western es la epopeya del pueblo invasor y vencedor, que sólo tiene memoria para sus glorias y que ensalza a sus héroes hasta convertirlos en mitos.

Y aquí, por cierto, los mitos no son tan lejanos e increíbles como Prometeo, Hércules o Aquiles, sino que tienen nombre y apellido y una partida de nacimiento bien próxima.

Sus nombres son ya leyenda viva a través de sus hazañas hechas celuloide:

  • Buffalo Bill,
  • Davy Crockett,
  • Jesse James,
  • Billy el Niño,
  • Wild Bill Hickok,
  • Calamity Jane,
  • Doc Holliday,
  • Pat Garrett

La epopeya del Oeste fue, por antonomasia, la gran epopeya blanca del siglo XIX y se hallaba demasiado próxima (cronológica y geográficamente) para que los pioneros del cine americano la dejasen escapar como tema cinematográfico.

Hombres toscos y satisfechos de su pasado histórico, vertieron en la pantalla los ecos de la gran aventura con ese toque de ingenuidad que otorga precisamente su grandeza a la épica de los pueblos primitivos.

Para competir con Tom Mix y Broncho Billy (primeros “caballistas” universales de la pantalla), Ince lanzó en 1913 a Río Jim, “el hombre de los ojos claros”, encarnado por el actor William Shakespeare Hart, titán de la pradera y desfacedor de entuertos, que se imponía al público con su sola presencia física: sus ojos claros y penetrantes, su perfil rígido y su expresión melancólica e impávida a la vez, ejercían un poder magnético sobre las muchedumbres.

Su presencia en la pantalla bastaba para echar por tierra todas las convenciones y artificiosidad del relato cinematográfico.

Como un Homero de los nuevos tiempos, Ince llevó de la mano a Río Jim, cabalgando sobre su fiel Pinto, por desfiladeros y praderas, entre acechanzas y emboscadas y tal vez sin darse cuenta de que estaba introduciendo en el cine algo muy importante: la naturaleza como decorado insustituible, los escenarios de California en todo su agreste esplendor, y el hombre, el vaquero, fundiéndose en ellos en cabalgadas y persecuciones sin cuento.

Las cintas de Río Jim constituyeron una auténtica revelación, no ya para el público americano, sino para la culta Europa, en donde los anchos horizontes y las polvorientas cabalgadas causaron una auténtica conmoción.

Y la figura primaria de Río Jim prendió con fuerza incontenible en los públicos europeos, demostrando ya la tremenda capacidad del cine como creador de mitos.

El westernnacía como epopeya visual, como acción pura, porque Ince, que es un intuitivo, ha comprendido que el cine es, ante todo, movimiento y acción.

El esplendor de este nuevo cine, con sus caravanas, persecuciones, tiroteos y ataques indios, se manifiesta sobre todo en los planos generales (long shots), que permiten valorar unos decorados que ningún carpintero ni arquitecto del mundo serán capaces de construir. 

Por lo demás, la temática del westernse moverá en adelante en el área de un círculo cerrado:

  • el bueno,
  • el villano,
  • el sheriff,
  • la chica,
  • la prostituta de buen corazón (el western es cine de hombres y raramente hay en él mujeres malas),
  • el juez (todos tipos de una sola pieza)
  • el rancho,
  • la estampida,
  • el saloon,
  • el duelo a tiros en la calle mayor…

Ince representa la época heroica del western, cuando él dirigía o supervisaba, convertido en auténtico producer, las películas que se rodaban en los terrenos de Inceville.

Su supervisión se ejercía muy estrechamente a través del control de un guion muy rígido, escrito por Gardner Sullivan, ex periodista que fue durante años el brazo derecho de Thomas Ince.

Ésta es otra novedad capital; por estos mismos años Griffith y Feuillade rodaban prácticamente sin guion, improvisando sobre un argumento aceptado y condensado en un par de cuartillas.

Hay que señalar que la práctica del “guion técnico” no se generalizó hasta los primeros años del cine sonoro, si bien algunos cineastas, como Fritz Lang y F. W. Murnau, llevaron su precisión (a partir de 1922) hasta dibujar cada plano de sus películas antes del rodaje.

Ince exigía de sus directores asalariados un respeto minucioso del guion previsto, lo que le permitía otorgar su estilo a películas no dirigidas por él.

Ince era además un montador excelente.

Se le llamaba “doctor de films enfermos” porque con las tijeras era capaz de dar nueva vida e interés a cualquier mala película.

El montaje le apasionaba hasta el punto que pasaba más tiempo en su sala de proyección que en los estudios de rodaje.

Ince descubrió a otros actores, como

– Frank Borzage (que no tardaría en destacar como director),

– Charles Ray, que se reveló en The Coward(1916),

– el japonés Sessue Hayakawa, que protagonizó El huracán(1914), dirigida por el propio Ince, en donde hacía coincidir (según fórmula puesta en circulación por el cine danés) la culminación dramática con una gran catástrofe.

Utilizó también este procedimiento en La cólera de los dioses(1914) sobre los amores prohibidos entre un oficial americano y la hija de un samurái, que finalmente suscitan la cólera del volcán…

Mientras los cañones tronaban en Europa en “la guerra que acabaría con todas las guerras”, Ince puso su talento al servicio del idealismo wilsoniano y de su campaña electoral, con las consignas de pacifismo y neutralismo, con una obra tan ingenua como ambiciosa: La cruz de la humanidad(1915).

La película, que desplegaba un inmenso esfuerzo material para cantar las excelencias de la paz, sufrió alteraciones al ser presentada en los países europeos, en pie de guerra.

Con sus ejércitos de figurantes, bombardeos de aviación y navíos hundidos abrió la senda a otras cintas más modestas, pero que apuntaban hacia idénticos objetivos pacifistas, alentados por la administración Wilson.

El camino era peligroso porque podía herir la susceptibilidad de algunos combatientes europeos, en pleno furor bélico.

El límite de seguridad se rompió con motivo del serial Patria(1916), de George Fitzmaurice, que motivó una protesta diplomática de Inglaterra, que juzgó que allí se atacaba a su aliado Japón.

Thomas Harper Ince:

Across the Plains (1911)

The Coward (1916)

El huracán (1914)

La cólera de los dioses (1914)

La cruz de la humanidad (1915).

George Fitzmaurice:

Patria (1916)

3.2. ZUKOR Y GRIFFITH: DOS PILARES

(Esto es un resumen del libro “Historia del cine” de Roman Gubern)

Hollywood estaba asolado por las rivalidades de los Independientes y las grandes compañías era un mundo desquiciado por los sabotajes y asaltos a productoras, hasta con hombres armados y un viejo cañón de la guerra civil.

Adolph Zukor (1873-1976) contribuyó a imponer una disciplina industrial a las jóvenes empresas de Hollywood. Era uno de los Independientes. Instaló en 1903 su primera sala de exhibición en Nueva York.

En 1912 compró los derechos del film d’art francés Elizabeth, reina de Inglaterra que acababa de obtener un éxito sin precedentes en los países europeos. Era, además, la primera película de cuatro rollos que se presentaba en los Estados Unidos. Organizó solemnemente su estreno y fue un éxito.

Tomando como ejemplo el film d’art europeo y, asociado con Frohman, fundó en 1912 la empresa “Actores famosos en obras famosas” y eligió para trabajar con él a los nombres más seguros del cine norteamericano: al director Edwin S. Porter, que había abandonado a Edison, y a la actriz Mary Pickford, contratada por mil dólares a la semana.

Se asoció con varios empresarios creando la Paramount Corporation, que agrupaba a todas las grandes firmas independientes, con unas cinco mil salas, las mejores del país.

Con la Paramount (que en inglés quiere decir “superior” y cuyo eslogan era selected pictures for selected audiences) se cerraba la era de los Nickel-Odeons y se inauguraba la de las grandes salas y grandes circuitos.

Gracias a la Paramount Zukor pudo abordar la realización de un viejo proyecto: el lanzamiento de un gran film (de una hora o más) por semana.

Sobre los pilares del programa semanal, la exclusiva y la contratación en bloque Zukor fundó su imperio.

La contratación en bloque —block-booking, en jerga cinematográfica— era un compromiso del exhibidor de alquilar toda la producción de la firma, en bloque y a ciegas (blind-booking), basándose en el prestigio de las estrellas que Zukor tenía contratadas en exclusiva.

Zukor dividió su producción, además, en tres grupos, A, B y C, según fuera la categoría de los intérpretes y el presupuesto de la cinta.

Esta clasificación es ya un reconocimiento implícito del imperio del star-systemy una prueba evidente de la alta capacidad organizadora de Zukor, que acabará por imponer sus métodos a todos los Independientes, cerrando el ciclo caótico en que las rivalidades comerciales se dirimían a punta de revólver.

A Zukor se le considera el padre de la moderna industria del cine americano, con unas fórmulas comerciales que todavía perduran.

David Wark Griffith esel padre artístico del cine, autor de más de 400 películas.

Intentó ser guionista, pero le contrataron como actor.

En 1908 Griffith debutó como realizador en la Biograph.

Su inquietud y fecundidad le llevan a abordar todos los temas, sin amedrentarse. Los temas son de una variedad asombrosa: adaptación de todo tipo de novelas, Far-West, asuntos históricos o narraciones policíacas.

Con Griffith asistimos a la gestación de una gramática cinematográfica radicalmente nueva, que ya nada tiene que ver con el teatro.

En los Estados Unidos no pesa la herencia de una densa tradición escénica y ello permite el libre nacimiento de un lenguaje cinematográfico puro, sin reminiscencias extrañas.

El talón de Aquiles de la obra de Griffith reside en su ingenua visión del mundo que desemboca casi siempre en fórmulas toscamente melodramáticas.

Pero en el terreno de la técnica narrativa, de la invención visual, Griffith está introduciendo una auténtica revolución expresiva, con los desplazamientos del punto de vista de la cámara en el interior de una misma escena para guiar el ojo y la atención del espectador, con el uso dramático del primer plano, las acciones paralelas y, en suma, los saltos en el espacio y en el tiempo a través del montaje.

Griffith comprendió bien cuál es la potencia expresiva de las imágenes y los resultados que pueden nacer de su libre combinación, que es el montaje.

Contó para sus películas con la valiosísima colaboración del operador Billy Bitzer, pionero en el uso de la luz artificial, que con recursos extraordinariamente rudimentarios obtuvo resultados óptimos.

En los estudios se denominaba al estilo de Bitzer “iluminación a lo Rembrandt”, por su uso del claroscuro y del contraluz.

Fue Bitzer también quien primero emplazó un proyector tras una ventana, para simular el efecto de la luz solar.

Establecer un catálogo con todos los hallazgos de Griffith se haría interminable.

Las aventuras de Dorotea (1908), es su primera cinta. Su asunto, es folletinesco, pero en su narración Griffith utiliza por vez primera el flash-backo cut-back, esto es, una escena que se inserta en la acción principal, mostrando en evocación o recuerdo un acontecimiento pasado.

En Balked at the Altar(1908) comienza a utilizar el plano medio.

The Fatal Hour (1908), utiliza por vez primera la acción paralela al servicio de un “salvamento en el último minuto”.

En Después de muchos años(1908) utiliza un “salto” espacial. Utilizaba también por vez primera en su obra un primer plano de la protagonista con intención dramática.

En El teléfono(1909) llevará la acción paralela a su apogeo, perfeccionando así decisivamente un recurso técnico apuntado por vez primera, como vimos, en Attack on a China Mission Station de James Williamson y utilizado también por Porter.

Griffith potencia la tensión dramática (suspense) prolongando la situación y haciendo alternar los planos de la familia acosada con los del marido corriendo, a intervalos cada vez más cortos.

Supuso el abandono definitivo de la incómoda y teatral linealidad del relato cinematográfico primitivo.

En Edgar Allan Poe(1909) utilizó por vez primera la iluminación dramática y de contrastes.

En El remedio(1909) usó el contraluz y la iluminación lateral

En Pippa Passes(1909) usó el desenfoque como efecto artístico.

En The Politician’s Love Story (1909) combinó por primera vez la luz natural con la artificial.

Cuidaba especialmente la interpretación de sus películas y “descubrió” a numerosas estrellas de primera magnitud del cine mudo americano.

La más importante fue la inmortalizada con el nombre artístico de Mary Pickford que debutó a las órdenes de Griffith en The Violin Maker of Cremona(1909), otras estrellas que descubrió fueron las hermanas Lillian y Dorothy Gish, Mae Marsh y Mack Sennett.

En Ramona(1910) aparece el primer gran plano general de la historia del cine.

En Salvada por telégrafo(1911) comienza a elaborarse el estilo de Griffith, fundado en el desplazamiento de los puntos de vista de la cámara dentro de una misma escena.

El film está dividido en secuencias (y no en escenarios o cuadros), y cada secuencia está dividida en planos de diferente valor, especialmente planos americanos y primeros planos de objetos (insertos).

En La batalla(1911), que no oculta su simpatía por la causa sudista, demuestra ya su pericia en el manejo de grandes masas y escenas de combate.

En The Musketeers of Pig Alley(1912) supo aprovechar las ventajas de la profundidad de foco. Es un drama de bajos fondos que juega sobre la tercera dimensión del espacio al hacer avanzar lentamente a un bandido hacia la cámara, hasta obtener un primer plano de su rostro, mientras sus compinches permanecen nítidos en último término.

El sombrero de Nueva York (1912) una comedia satírica, revelaba un agudo sentido de la observación social, al estilo de Mark Twain.

En La formación de un hombre(1912), su preocupación realista se reflejó en las hierbas secas con que hizo cubrir la desnudez de sus actores.

El éxito de esta ingenua cinta seudocientífica le llevó a rodar al año siguiente un drama de la Edad de Piedra: La vida del hombre primitivo(1913).

Su última obra realizada para la Biograph e inspirada en el ciclo monumental italiano Judit de Betulia(1913-1914), fue la primera película de cuatro rollos rodada en América y, también, su primera superproducción.

En La conciencia vengadora(1914) Griffith recurre a primeros planos repetidos de un lápiz golpeando una mesa y de un pie repicando en el suelo para traducir visualmente el sonido obsesivo de un latido de corazón.

El nacimiento de una nación (1915), fue una superproducción de la independiente Epoch Producing Corporation.

Su guion narraba con acento heroico el nacimiento y actuación de la organización racista Ku-Klux-Klan, al acabar la Guerra de Secesión.

El éxito comercial obtenido estuvo en función de la polémica y del escándalo que suscitó, pues mostraba a los negros como villanos o degenerados (los pocos negros “buenos” eran esclavos bobalicones y estúpidos) y provocó incidentes.

Era el primer gran escándalo de la historia del cine y, por lo mismo, el primer gran éxito de taquilla.

La revista Variety coloca El nacimiento de una nación a la cabeza de los grandes éxitos de taquilla del mercado norteamericano, lo que resulta bien significativo, de otra película racista de parecido corte: Lo que el viento se llevó (1939).

Desde el punto de vista técnico marcó una fecha decisiva en la evolución del arte cinematográfico.

Se hacía progresar la narración gracias a una ágil utilización del montaje.

Los planos generales se combinaban con los planos próximos: tres cuartos, medios y primeros planos, produciendo un choque óptico.

Desplazaba la cámara para efectuar una toma de vistas en movimiento.

El montaje paralelo, recurso narrativo predilecto de Griffith, permite orquestar tres acciones alternadas por el montaje.

Además de fragmentar las escenas en planos de diferente valor, Griffith utilizó para potenciar la selectividad del encuadre los caches, que al ennegrecer determinadas partes del fotograma alteraban su proporción rectangular habitual.

Este recurso gráfico, que Griffith utilizó sistemáticamente, cayó en desuso al llegar el cine sonoro.

En realidad, Griffith llevó a cabo una genial síntesis de procedimientos ya inventados, pero los utilizó sistemáticamente, con un gran sentido de la funcionalidad expresiva y de la economía narrativa.

El defecto arranca ya del guion, del esquematismo psicológico de los personajes, divididos pura y simplemente en “buenos” y “malos”, sin profundidad ni matices.

A la falsedad interpretativa contribuyó también la elección de Griffith de actores blancos, con el rostro embetunado, para encarnar a la mayor parte de los personajes negros.

Griffith realizó ya para la Triangle su segunda gran superproducción, Intolerancia(1916), que pasó a convertirse en la película más cara de toda la historia del cine.

Griffith pensó un amplio fresco destinado a mostrar, a través de varios episodios históricos, las desgracias provocadas por la intolerancia religiosa o social en la historia de la humanidad.

Griffith montó una copia de ocho horas de duración que finalmente redujo a tres horas cuarenta minutos.

Llevó a sus últimas consecuencias su técnica de las acciones paralelas, al desarrollar los cuatro episodios alternados por el montaje, para reforzar su paralelismo simbólico.

Con su aplicación del montaje paralelo a episodios históricos diversos, Intolerancia se convirtió en la primera película acronológica de la historia del cine, ejerciendo una influencia que llegará hasta la técnica novelística, particularmente anglosajona (Dos Passos, Faulkner, Aldous Huxley, Virginia Woolf).

La ubicuidad espacio-temporal creada por el montaje alterno fue percibida por el público como un gigantesco caos, como un rompecabezas histórico sin sentido y fue un tremendo fracaso económico.

Por encima del tono sensiblero, del atroz esquematismo psicológico, del mal gusto y de la tosquedad de los símbolos, Griffith creó con su excepcional sentido cinematográfico una obra de un ritmo prodigioso, una obra que no debía nada a la técnica teatral y que utilizaba sistemáticamente los recursos de la nueva dramaturgia visual: uso dramático del primer plano, movimientos de cámara, acciones paralelas, efectos de montaje, metáforas visuales, caches

Griffith se asoció con Douglas Fairbanks, Mary Pickford y Charles Chaplin para fundar la productora United Artists (1919).

Ninguna de sus obras posteriores tuvo la resonancia de aquellas que supusieron la invención de la nueva gramática de las imágenes.

El film pacifista y rodado en Europa Corazones del mundo(1918) obtuvo cierto éxito, aunque no tanto como La culpa ajena(1919).

En su puritano y sensiblero Las dos tormentas(1920), se valió del empleo de los elementos de la naturaleza desatados para subrayar la culminación emocional de la acción, según fórmula que por estos años utilizaban también los realizadores nórdicos.

Sus obras quedan reducidas al melodrama puro, sin el soporte ortopédico de la novedad técnica.

Esto resulta evidente en Las dos huérfanas(1922), y en La batalla de los sexos(1929), y más penoso todavía cuando el creador de la sintaxis cinematográfica se copia a sí mismo, tratando inútilmente de rehacer páginas de historia que le hicieron célebre, como ocurre en América(1924) y Abraham Lincoln(1930), su primer film sonoro.

La estructura narrativa de sus historias, siguiendo la influencia ejercida en él por el pionero de la cinematografía Erwin Porter, se desarrolla, invariablemente, según el esquema: 

1. presentación dentro del marco moral/social preestablecido. 

2. alejamiento del protagonista

3. peligro.

4. salvación, con intervención del inevitable agente externo, y reunión de nuevo en el marco inicial. 

1 Las aventuras de Dorotea (1908) (12:00) Es su primera cinta. Su asunto, es folletinesco, pero en su narración Griffith utiliza por vez primera el flash-backo cut-back, esto es, una escena que se inserta en la acción principal, mostrando el recuerdo de un acontecimiento pasado.
2 Balked at the Altar (1908) (9:26) Comienza a utilizar el plano medio.  
3 The Fatal Hour (1908) (14:00)   Utiliza por vez primera la acción paralela al servicio de un “salvamento en el último minuto”.
4 Después de muchos años (1908)   Utiliza un “salto” espacial. Utilizaba también por vez primera en su obra un primer plano de la protagonista con intención dramática.
5 El teléfono (1909) (10:20) Llevará la acción paralela a su apogeo
6 Edgar Allan Poe (1909). Utilizó por vez primera la iluminación dramática y de contrastes
7 El remedio (1909). El contraluz y la iluminación lateral
8 Pippa Passes (1909). El desenfoque como efecto artístico
9 The Politician’s Love Story (1909). Combinó por primera vez la luz natural con la artificial
10 The Violin Maker of Cremona (1909) Mary Pickford debutó a las órdenes de Griffith
11 Ramona (1910) Aparece el primer gran plano general de la historia del cine.
12 Salvada por telégrafo (1911)   Desplazamiento de los puntos de vista de la cámara dentro de una misma escena. El film está dividido en secuencias, y cada secuencia en planos de diferente valor, especialmente planos americanos y primeros planos de objetos.
13 La batalla (1911) (19:00) Demuestra ya su pericia en el manejo de grandes masas y escenas de combate.
14 The Musketeers of Pig Alley (1912) Supo aprovechar las ventajas de la profundidad de foco.
15 La formación de un hombre (1912)   Su preocupación realista se reflejó en las hierbas secas con que hizo cubrir la desnudez de sus actores.  
16 El sombrero de Nueva York (1912) Comedia satírica, que revelaba un agudo sentido de la observación social, al estilo de Mark Twain.
17 La vida del hombre primitivo (1913). Esta ingenua cinta seudocientífica obtuvo un gran éxito.
18 Judit de Betulia (1913-1914)     Su última obra realizada para la Biograph e inspirada en el ciclo monumental italiano, fue la primera película de cuatro rollos rodada en América y, también, su primera superproducción.
19 La conciencia vengadora (1914) (78:00)   Recurre a primeros planos repetidos de un lápiz golpeando una mesa y de un pie repicando en el suelo para traducir visualmente el sonido obsesivo de un latido de corazón.
20 El nacimiento de una nación (1915) (190:00) Fue una superproducción de la independiente Epoch Producing Corporation.
21 Intolerancia (1916) (175:00) Griffith realizó ya para la Triangle su segunda gran superproducción, que pasó a convertirse en la película más cara de toda la historia del cine.
22 Corazones del mundo (1918) (117:00) El film pacifista y rodado en Europa obtuvo cierto éxito
23 La culpa ajena (1919). Obtuvo un gran éxito
24 Las dos tormentas (1920) (165:00) Puritano y sensiblero, se valió del empleo de los elementos de la naturaleza desatados para subrayar la culminación emocional de la acción, según fórmula que por estos años utilizaban también los realizadores nórdicos.
25 Las dos huérfanas (1922) (150:00) Sus obras quedan reducidas al melodrama puro, sin el soporte ortopédico de la novedad técnica.
26 América (1924) (141:00) Se copia a sí mismo, tratando inútilmente de rehacer páginas de historia que le hicieron célebre
27 La batalla de los sexos (1928) (88:00)  
28 Abraham Lincoln (1930) (96:00) Su primer film sonoro.
29 La lucha (1930) (87:00) Trata el tema del alcoholismo.

Table 4 A

2.7. EL “FILM D’ART”.

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)

           A principios del siglo XX el cine americano poseía el más vasto mercado de exhibición del mundo, con cerca de diez mil salas, pero Francia seguía siendo el país con mayor volumen de producción.

           El cine francés ya era una industria, y como toda industria iba a conocer sus momentos de prosperidad y de crisis.

           La primera crisis apareció súbitamente en 1907, como una crisis de crecimiento cuyo diagnóstico no era difícil: el público se estaba cansando de aquel juguete óptico que ofrecía siempre los mismos asuntos, idénticos melodramas o payasadas, incapaz de una evolución madura, de un progreso dramático.

           Al igual que las salidas de fábricas y llegadas de trenes se repitieron hasta la saciedad en los primeros cinco años de vida del cine, ahora se estaba asistiendo a idéntica cristalización de temas, consagrados por un éxito inicial.

           Nada más ilustrativo que cotejar los catálogos de las casas de producción de la época, para darse cuenta de la falta de imaginación, puerilidad y vulgaridad de los asuntos ofrecidos.

           Y no podía ser de otra manera; el cine era mediocre porque sus guionistas también lo eran.

           Escritores fracasados, oscuros periodistas o actores retirados escribían, por retribuciones ínfimas, los argumentos de las películas.

           Y los productores tampoco exigían más, porque seguían la ley de la inercia de los primeros éxitos, sin darse cuenta de que ello los abocaba a un callejón sin salida.

           Diversión plebeya, como la máquina tragaperras, el tiovivo o la casa encantada, el cinematógrafo era despreciado por los intelectuales.

           Su público no era el que frecuentaba los teatros, museos o salas de conciertos.

           Para salvar aquella difícil situación, los hermanos Lafitte, banqueros franceses, fundaron en 1908 la sociedad productora Film d’Art, poniendo a su cabeza a dos prohombres del teatro francés: Charles Le Bargy y André Calmette.

           Pensaron los Lafitte que, si el cine atravesaba una crisis de argumentos, ésta podía salvarse recurriendo a los grandes temas del teatro clásico o haciendo que los escritores famosos creasen argumentos para el cine.

           Al mismo tiempo utilizarían a los grandes actores de la Comédie Française para prestigiar y enaltecer aquel espectáculo populachero.

           El cine ya había echado mano ocasionalmente de los temas literarios o históricos, cuya popularidad o renombre facilitaban su difusión.

           Pero aunque Méliès haya evocado en imágenes el Fausto de Goethe y el pionero italiano Ambrosio haya llevado a la pantalla Los últimos días de Pompeya (1907), ni éstos ni las encarnaciones de Juana de Arco, Barba Azul, Aladino, Gulliver, Don Quijote o la Dama de las camelias que el cine ha producido hasta 1908 constituyen una política de producción organizada y consciente ni persiguen como objetivo elevar el nivel artístico del cine, incorporando a actores, escenógrafos y directores de reconocido prestigio en  los medios culturales.

           La sociedad Film d’Art se proponía poner punto final al anonimato artístico propio del cine primitivo y, aunque vistiese su proyecto con un ropaje de alto vuelo intelectual, no hacía otra cosa que introducir en el cine la noción de estrella, como polo atractivo de públicos, que va a dar no poco juego a todo el cine futuro.

           El proyecto de los Lafitte permitiría difundir por doquier, en adelante, la actuación de unos actores famosos que sólo podían ser admirados hasta entonces, a un precio relativamente alto y socialmente discriminatorio, en los mejores escenarios de París.

           Los Laffitte eran banqueros y no filántropos, como tampoco lo era Pathé y que no obstante fundó también la cultísima Société Cinématographique des Auteurs et Gens de Lettres (SCAGL), en donde, entre argumentos de Molière y Victor Hugo, nos encontramos al proteico Ferdinand Zecca, que fabrica muy seriamente sus “obras de arte” sobre celuloide, siguiendo las consignas del momento.

           Las más ilustres plumas de la época, bien retribuidas, comenzaron a inclinarse ante el cine.

           Los Lafitte encargaron argumentos a Anatole France, Victorien Sardou, Edmond Rostand y Jules Lemaître, entre otros.

           Todo el mundo participó en este furor cultural, hasta Sarah Bernhardt, a pesar de que la divina Sarah despreciaba el cine, pero se rendía, como cualquier mortal, ante los 1.800 francos por sesión más un canon por metro de película.

           Nada bueno podía salir de este desenfreno literario en el que todo el mundo trataba de dignificar al cine y redimirlo de sus antiguos pecados plebeyos y juglarescos.

           Pero, en fin, el 17 de noviembre de 1908, a bombo y platillos, se presentó en la sala Charras, de París, el primer programa de la sociedad Film d’Art, cuyo plato fuerte era El asesinato del duque de Guisa(1908), escrita por el académico Henry Lavedan e interpretada por ilustres actores de la Comédie Française.

           Estreno de campanillas, con el tout Paris en traje de gala y una expectación subida.

           Y en la pantalla de la sala Charras el cine se transfigura, como por efecto de magia, en arte respetable y públicamente reconocido.

           Su título de nobleza lo adquiere con una conjuración palaciega de 1588, entre muebles y tapices de guardarropía, jubones, pelucas, barbas postizas y profusión de puñaladas.

           Definitivo. La gente puesta en pie aplaude, como si estuviera en el teatro. Vítores.

           La película ha causado sensación: el cine ya es un arte.

           Vanidad de vanidades, los cultos académicos acaban de infligir un gravísimo daño a la causa del cine; han retrocedido a los tiempos del cine-teatro de Méliès, con la cámara inmóvil en la platea, pero despreciando lo esencial de su legado: la desbordante catarata de su fantasía.

           Pero la pedantería puede más que la razón y el “teatro fotografiado” se impone, con temas de Homero, Dickens, Shakespeare, la Biblia, Sófocles, Goethe, Zola, Daudet y Molière.

           Aparecen nuevas sociedades productoras como Le Film Esthétique, de Gaumont, o la Association Cinématographique des Auteurs Dramatiques, de Éclair…

           Todo el mundo rivaliza en la tarea de dignificar el cine con sus versos alejandrinos, barbas postizas, túnicas y gesticulación desbordada.       Apenas el cine ha aprendido a narrar, a balbucear una historia sencilla y ya se pretende de él que exponga los conflictos de la tragedia griega o la complejidad de los dramas shakespearianos.

           Ante una cámara sorda y paralítica los actores recitan su texto literario y para traspasar su sordera apoyan su expresividad en el gesto, que resulta enfático y declamatorio.

           Los incultos norteamericanos, que no saben quién es Homero y que les importa un bledo la Academia Francesa, están haciendo progresar mientras tanto el cine con pasos de gigante, descubriendo los nuevos temas del Far-West y la vitalidad de las anchas praderas.

           Las cintas de Porter son oxígeno puro al lado de las anquilosadas y ridículas piezas de museo que producen los sesudos varones de Francia.

           En América el cine está forjando su nuevo lenguaje, con el empleo de las acciones paralelas, el uso del primer plano y la utilización de escenarios naturales.

           En Francia la cámara se encierra en los más convencionales decorados de estudio, renuncia a sus posibilidades creadoras e inicia lo que más tarde se llamará star-system, esto es, la utilización del prestigio de la vedette o estrella (sea intérprete o autor) como gancho para el público, que desde luego ayudará a salvar el bache que atraviesa el cine francés.

           Aunque influyen también otros factores, como el Congreso de Fabricantes de Películas de 1909, en el que se decide sustituir la venta de películas por su alquiler, que beneficia tanto a productores como a exhibidores, al tiempo que cancela el pasado aventurero de las barracas de feria y otorga cierta seriedad al nuevo comercio.

           El cine, pese a la torpeza de tantos profesionales de la cultura, acabará por adquirir sus títulos de nobleza.

           A pesar del pedante film d’art que se propaga, entre aplausos, por Europa, suscitando imitaciones en Dinamarca e Italia y llega hasta América, en donde Zukor, que ha importado la imagen augusta de Sarah Bernhardt, fundará la empresa Actores Famosos en Obras Famosas (Famous Players in Famous Plays).

           Su nombre no puede ser más significativo.

           Verdaderamente, el itinerario recorrido hasta ahora por la locomotora de Lumière ha sido intenso y vertiginoso.

           Se ha pasado de las simples escenas documentales rodadas de un tirón, en un solo plano, a las películas que narran argumentos relativamente complejos, con variedad de escenas, como en las cintas de Méliès, de Brighton, de Zecca, de Porter o de la Vitagraph.

           El cine ha aprendido a narrar y, además, de la barraca de feria ha pasado a estabilizarse en el Nickel-Odeon; de la artesanía de Méliès ha pasado a la industria altamente organizada de Pathé o de Edison, con sus luchas encarnizadas por el control del que será el “arte de masas” por excelencia e instrumento capital de presión sobre la opinión pública.

           En verdad que el cine, a pesar de obstáculos como el calamitoso incendio del Bazar de la Caridad, ha dado un salto gigantesco en pocos años.

           Pocos años que han bastado para ofrecer en abanico un preludio de temas casi exhaustivo de los grandes argumentos que mueven al hombre desde sus orígenes: la política, el sexo, la religión, las injusticias sociales…

           En sus pocos años de vida el cine ofrece ya un retablo de maravillas en el que se codean, en familiar vecindad, Eurípides, Zola, Juana de Arco, experimentos de magia, Dante, bailarinas orientales, Shakespeare, mujeres voladoras, asaltos de trenes, falsos documentales, modelos desnudándose, Edipo, Tosca, Guillermo Tell, atentados políticos, catástrofes marítimas, la Pasión de Cristo…

           ¿Ha ofrecido algún arte tanto y tan variado en sus doce primeros años de vida?

2.6. PROVECHOSO ASALTO Y ROBO DE UN TREN

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)

En los primeros años del cine en EEUU las artimañas y zancadillas estaban a la orden del día, las leyes del copyright eran impotentes para preservar los derechos de los autores cinematográficos.

Edison obtenía contratipos de las películas europeas sin ninguna oposición.

Pero al abrir Méliès su sucursal americana y a medida que la vigilancia legal se fue haciendo más estrecha, Edison abandonó aquel tosco procedimiento de piratería y acudió a otro más seguro: el plagio de las cintas europeas.

El lugarteniente de Edison en estas tareas de bucanero intelectual fue Edwin S. Porter, operador y luego jefe de su estudio de 1902 a 1910.

Porter estudió las cintas de Méliès y decidió que él también podía realizar películas que narrasen un argumento o historia, a través de la adición de escenas “artificialmente compuestas”.

Era mérito de los pioneros europeos el haber inventado el cine narrativo:

Méliès aportó la puesta en escena.

Los ingleses, con la escuela de Brighton, el descubrimiento del montajecomo elemento narrativo.

Zecca perfeccionó la estructura del relato.

Porter heredó estos hallazgos europeos y realizó con ellos algunos films sorprendentes.

En 1902 rodó Salvamento en un incendio.

Para confeccionarla Porter recurrió a escenas documentales auténticas de trabajos del cuerpo de bomberos, tomadas en varias ciudades americanas, e introdujo un tema de ficción: una madre y su hijo en su hogar, rodeados por las llamas.

Con estos materiales diversos Porter construyó una narración a la que, durante muchos años, se ha considerado matriz inaugural del montaje alternado de dos acciones paralelas(las víctimas de las llamas y los bomberos salvadores).

Pero hoy sabemos que la versión original no era así y que tal alternancia fue obra de un remontaje posterior, que tenía su semilla en los films de Brighton.

Y también Porter ha aprendido de ellos el uso del primer plano, que utiliza para mostrar una mano que acciona un avisador de incendios.

Es, ciertamente, un primer plano funcional, pero nos advierte que falta ya muy poco para que se descubra en este recurso técnico un poderoso elemento dramático, específicamente cinematográfico.

No hay duda de que con Porter estamos asistiendo a la consolidación de una técnica narrativa, base del cine de acción, que se desarrolla en todo su esplendor en una cinta de 234 metros (12 minutos aprox.) con la que Porter introduce en el cine — y esto no es baladí— el riquísimo temario del Far-West.

Este primer western de la historia del cine se titula Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery) y fue rodado por Porter en el otoño de 1903.

La narración de este paleowesternse desarrolla a través de catorce escenas que terminan con un primer plano del actor George Barnes, jefe de los malhechores, que apunta y dispara su revólver hacia el público.

El plano final de Barnes se colocó al final, causando en el público un impacto sólo comparable al que unos años antes causara la inocente locomotora de Lumière arrojándose sobre los espectadores.

Es de pura lógica el estallido emocional que producía, habida cuenta de la mentalidad precinematográficade nuestros mayores y de la capacidad dramática del encuadre, rectángulo mágico rodeado de tinieblas, aislado, que potencia todo cuanto sucede en su interior.

Sin saberlo, Porter está ofreciendo a su público un nuevo universo de relaciones, relaciones físicas y psicológicas: distancias que se acortan, tamaños que aumentan, emociones que se potencian…

Todo esto, inédito hasta ahora, es el cine, cuyo embrión está naciendo en el seno de un género que, para muchos, será un género menor: el western.

En esta película antológica muchas escenas están interpretadas todavía “de frente”, como en el teatro, pero algunas de ellas (la persecución, el combate en el bosque, el robo de los viajeros) se desarrollan “en profundidad”, interviniendo el alejamiento o acercamiento relativo de los personajes a la cámara.

Era la primera película importante con argumento de ficción (story picture) del cine americano.

Tan grande fue su éxito que desencadenó la consabida avalancha de imitaciones, como The Bold Bank Robbery(1904) de Sigmund Lubin, y el propio Porter trató de repetir su éxito con The Great Bank Robbery(1904) y The Little Train Robbery (1905).

Porter era un hombre fecundo.

Llevó a la pantalla la famosa novela La cabaña del tío Tom (1903), con una longitud extraordinaria para la época, pues medía casi cuatrocientos metros, más que ninguna otra cinta americana hasta entonces.

Esta obra, que contaba con catorce escenas y un prólogo, estaba realizada de acuerdo con el estilo teatral de Méliès.

Pero ése no es el camino natural de Porter, que dotado de un vivo sentido realista se desenvuelve mejor en sus dramas sociales, que se inspiran en el melodrama social victoriano.

En The Ex-Convict (1906) contrasta, mediante el montaje, el miserable hogar del ex presidiario con la opulencia del rico industrial que rehúsa darle un empleo.

The Kleptomaniac (1906) también utiliza el montaje alterno para mostrar el diferente rigor con que la ley trata a una cleptómana rica, que es absuelta, y a una pobre mujer que por hambre roba un panecillo.

Estos melodramas sociales que buscaban por el camino más corto los centros sensibles del gran público, utilizando métodos técnicos como el montaje de situaciones contrastadas, que retomará Griffith y pasarán al cine revolucionario ruso.

Hay, además, otras aportaciones de las otras productoras americanas: la Biograph y la Vitagraph.

La Biograph plagia a Méliès (con temas fantásticos), a los británicos, a Zecca o Porter (con películas de persecuciones y typical westerns).

La Vitagraph, hace construir unos nuevos estudios en Brooklyn e inicia en 1907 un plan de producción de seis películas al mes, que al año siguiente se elevó a cuatro a la semana.

No hay que olvidar que estas cintas alcanzaban raramente los 300 metros, pero a pesar de ello su producción exigía una eficiente organización industrial que estos pioneros americanos supieron crear.

En 1908 inició la producción de las llamadas Escenas de la vida real, que además de suponer un acercamiento realista a temas, ambientes y personajes cotidianos de la vida americana, introdujo una auténtica revolución técnica.

En aquella época los directores americanos respetaban en sus películas ciertas normas técnicas convencionales, que venían a formar un código de estética cinematográfica y cuyos preceptos han llegado hasta nosotros:

1.º Cada escena debe empezar con una entrada y terminar con una salida.

2.º Los actores deben presentar el rostro a la cámara y moverse horizontalmente, salvo cuando el movimiento es rápido, como en una persecución, o prolongado, como en una pelea; en estos casos, la acción se efectúa diagonalmente respecto a la cámara, para facilitar a los actores mayor espacio.

3.º Las acciones que se desarrollan en último término deben ser lentas y muy exageradas, para que el público pueda percibirlas bien.

Smith en Inglaterra, Zecca en Francia y Porter en América se habían atrevido, ocasionalmente, a intercalar un primer plano en una escena mostrada en plano general.

Pues bien, los técnicos de la Vitagraph rompieron con el artificio teatral y comenzaron a emplear sistemáticamente este recurso que permitía valorizar la fisonomía del actor en detrimento del ambiente y decorado, pero que tuvo además la consecuencia de popularizar sus rostros, lo que a la larga habrá de tener consecuencias fabulosas para la industria del cine.

Con genial intuición, los hombres de la Vitagraph hicieron uso de planos próximos y los franceses comenzaron a denominar plano americanoal que mostraba a “los personajes sin piernas”.

La aproximación de la cámara a los personajes estuvo acompañada, por ley de necesidad, de una interpretación más sobria y realista de los actores.

Estas innovaciones técnicas y temáticas, mutuamente condicionadas, influyeron en Europa, que se rindieron ante la superioridad de este cine hecho por autodidactas e incultos aventureros del otro lado del océano.

Desde el punto de vista industrial, y a pesar de los avatares de la guerra de patentes, el cine americano estaba sólidamente asentado sobre tres pilares —Edison, Vitagraph y Biograph— que trataban de perturbar al máximo la existencia de otros modestos productores.

La exhibición de películas cinematográficas tenía lugar en barracas de feria, music halls, o Penny Arcades (locales de atracciones, con juegos eléctricos y mecánicos), hasta que se le sustituyó la fórmula de venta de las copias a los exhibidores por su alquiler.

Esto permitió el nacimiento de la exhibición cinematográfica autónoma, liberada de la servidumbre del music hall.

El nuevo negocio fue bautizado con el nombre de Nickel-Odeons, porque su entrada valía invariablemente un níquel, es decir cinco centavos.

Los más grandes empresarios de este nuevo negocio son Adolph Zukor, Carl Laemmle, William Fox y Marcus Loew pioneros de la industria del cine que no tardarán en enfrentarse con el colosal trust de Edison y llegarán a convertirse más tarde en máximos gerifaltes de la poderosa industria de Hollywood.

Edwin S. Porter:

  1. Salvamento en un incendio (1902).
  2. Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery) (1903).
  3. La cabaña del tío Tom (1903)
  4. The Great Bank Robbery (1904)
  5. The Little Train Robbery (1905).
  6. The Ex-Convict (1906)
  7. The Kleptomaniac (1906)

Sigmund Lubin

The Bold Bank Robbery (1904)

2.5. LA ESCUELA DE BRIGHTON.

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Roman Gubern

En el esfuerzo colectivo que hizo nacer el prodigio de la fotografía animada no estuvo ausente la Inglaterra victoriana.

Su aportación tuvo un nombre injustamente postergado, el de William Friese-Greene, célebre fotógrafo de Piccadilly, que en su empeño por conseguir un buen método de cronofotografía invirtió todo su peculio personal, se arruinó y llegó a sufrir prisión por deudas.

Camino doloroso que no conoció otro pionero inglés, el óptico londinense Robert William Paul, que, por encargo de unos empresarios griegos, construyó en 1894 una imitación del kinetoscopio de Edison, que no estaba patentado en Inglaterra.

Le tomó gusto a la cosa y siguió fabricando más aparatos, introduciendo modificaciones y perfeccionamientos, llegando a construir en 1895 una cámara tomavistas para surtir con películas propias a los cada vez más numerosos kinetoscopios ingleses.

En 1897 fundó la empresa Paul’s Animatograph Ltd., y con él nació el cine británico.

Méliès recurrió a Paul para comprar su primer aparato cinematográfico.

Al igual que Méliès, Paul comenzó su carrera creadora cultivando las escenas naturales al estilo de Lumière, pero no tardó en ser tentado por los temas fantásticos y realizó un precedente notable del viaje polar de Méliès: The Adventurous Voyage of the Artic(1903).

Pero no acabó en William Paul la aportación británica al nuevo espectáculo.

En Brighton, playa de moda favorecida por un clima benigno, varios fotógrafos profesionales habían sido iniciados en los secretos de la fotografía animada por Friese-Greene.

Con paciencia e ingenio construyeron sus propios equipos y sus nombres han pasado a la historia formando lo que se ha llamado la “Escuela de Brighton”.

Entre ellos destacan George Albert Smith, James Williamson y Alfred Collins.

George Albert Smith impresionó en la playa sus primeras escenas naturales, en abril de 1897, para ilustrar una serie de conferencias sobre fotografía.

La indiscutible importancia de George Albert Smith va ligada a su temprano uso de los trucajes y del primer plano.

No tardó en intuir nuevas posibilidades de su aparato óptico y, abandonando el aire libre, se encerró con sus bártulos en un estudio y comenzó a aplicar al nuevo invento el trucaje fotográfico de la sobreimpresión.

Esta experiencia, llevada a cabo simultáneamente a la de Méliès y sin que ninguno de los dos pioneros conociera los trabajos del otro, le abocó de un modo natural hacia el cine fantástico, poblado por espectros y fantasmas.

Muy satisfecho de su hallazgo, que prolongaba al cine un trucaje fotográfico muy común, lo hizo patentar.

Smith intercala en sus películas primeros planos, aunque no por razones dramáticas. Tienen por misión ampliar detalles demasiado pequeños de la acción, que escaparían al ojo del espectador, u obedecen a un simple trucaje óptico en películas en las que aparecen telescopios o lupas de aumento, recurso que utilizó por vez primera en Grandma’s Reading Glass(La lupa de la abuela, 1900).

La ampliación de tamaños mediante el primer plano responde en Smith a una exigencia funcional, de ampliación óptica, pero no es un elemento de expresividad dramática, aunque lo haya empleado ya desde 1898, en su serie Humorous Facial Expressions.

En 1902 Smith inventó el Kinemacolor, primer sistema de cine cromático.

En “Mary Jane’s Mishaps”, de 1903, en la que cuenta la historia empleando 12 tomas alternando planos generales medios, planos americanos cortos e incluso un plano detalle, variando el punto de vista según las necesidades narrativas.

James Williamson impresionó también escenas documentales al aire libre, como la competición de regatas de Henley (1899), en donde muestra, en planos sucesivos, a la multitud de espectadores, a las embarcaciones en varios momentos de la competición y su llegada a la meta.

Esto es algo importante: la cámara ya no es el perezoso observador inmóvil de Méliès, sino un ojo nervioso que salta de un punto de vista a otro, e incluso un plano muestra a los espectadores en travelling, captados desde una embarcación que se desplaza.

Si el cine es, ante todo, movimiento, moving picture, como le llaman los americanos, no hay duda de que estamos asistiendo a su auténtico nacimiento, gracias a este sentido realista de los cameramen ingleses que anuncia, a más de treinta años de distancia, el florecimiento de la escuela documental británica en la segunda anteguerra.

Como cualquier documentalista de la época, Williamson aborda la actualidad reconstruida y en 1900 realiza una pieza verdaderamente importante: Attack on a China Mission Station, episodio de la guerra de los bóxers visto con la óptica colonialista de un fiel súbdito victoriano.

Esta película de cinco minutos estaba dividida en cuatro cuadros o escenarios, que mostraban:

1.º Puertas de la misión. Aparición de los bóxers, que fuerzan las puertas de la misión.

2.º Fachada de la casa del pastor. El pastor se da cuenta del ataque y ordena a su mujer e hija que se refugien en la casa. Luego abre fuego contra los chinos y se defiende hasta que acaba las municiones y es asesinado. La esposa del pastor aparece en un balcón y agita un pañuelo.

3.º Tropa de marinos británicos mandada por un oficial a caballo. Como si las señales con el pañuelo tuvieran un poder mágico, las tropas inglesas se precipitan a salvar a sus compatriotas atacados.

4.º Fachada de la casa del pastor. Continuación de la escena segunda, pero con irrupción de los marinos en el preciso momento en que los bóxers raptaban a la hija del pastor, que es rescatada por el apuesto oficial de Su Majestad. Los bóxers son reducidos y hechos prisioneros.

Esta alternancia dramática de escenarios, mostrando primero a las víctimas y luego a las tropas salvadoras, supone un progreso narrativo específicamente cinematográfico que ni Méliès ni los americanos habían conseguido, pero que pronto será patrimonio universal de todo el cine de aventuras y de los westerns que van a nacer muy pronto en suelo americano.

Este montaje intencional de escenas aleja la balbuceante narrativa cinematográfica de la vía teatral de Méliès, a pesar de que Williamson todavía no ha aprendido a cambiar el punto de vista de la cámara en el interior de un mismo cuadro o escena.

El uso del primer plano, como trucaje, es utilizado al final de un audaz travelling subjetivo por Williamson en The Big Swallow(1901): un caballero, molesto porque un fotógrafo ambulante le está retratando, se aproxima a él con la boca abierta (hasta conseguir un primer plano de la boca abierta) y devora al fotógrafo y a su cámara. Luego se aleja satisfecho, masticando.

También se debe a Williamson la introducción de un elemento característico del cine de acción: la persecución.

Ésta aparece por vez primera en Stop Thief!(1901), que muestra la caza del ratero en tres planos gracias a la ubicuidad de la cámara.

Recordemos que Méliès, para resolver una escena de persecución, hacía que los personajes diesen vueltas, uno detrás de otro, sobre el escenario y los fotografiaba con la cámara inmóvil.

Esta torpe solución teatral fue ampliamente superada por los pioneros de Brighton, que hicieron justamente famosas las “persecuciones” del cine inglés y que culminaron en A Daring Daylight Burglary (1903), en donde Frank Mottershaw plantea un film más realista que no plantea la persecución de forma humorística. The life of Charles Peace (1905) de William Haggar reconstruyó las fechorías auténticas de este bandido y su posterior ajusticiamiento.

Alfred Collins, especialista en persecuciones cómicas, utilizó en Marriage by Motor(1903) el travelling de dos coches que se persiguen y alternó sus puntos de vista respectivos (plano y contraplano).

Y es que el dinamismo de los temas abordados fuerza de un modo natural la invención de una nueva sintaxis, que aleja progresivamente al cine del sendero teatral de Méliès para acercarlo cada vez más al realismo cinematográfico que culminará en Griffith.

La movilidad de la cámara y la aparición de un rudimentario montaje en estas cintas inglesas preludia el nacimiento, no lejano, de una auténtica narrativa cinematográfica.

Como resumen las aportaciones más importantes de la Escuela de Brighton son:

  1. Primer Plano
  2. Montaje como elemento narrativo (fragmentación de una escena en diferentes planos).
  3. Sobreimpresión
  4. Montaje paralelo
  5. Movimientos de cámara que captura los diferentes puntos de vista.
  6. Travellings
  7. Plano y contraplano
  8. Persecuciones y asuntos realistas
  9. Escenarios naturales (calles, playas, jardín)
  10. El Chroma Key
1 Cronofotografía William Friese-Greene
2 Kinetoscopio Robert William Paul  
3 Paul’s Animatograph Ltd.
4 The Adventurous Voyage of the Artic (1903).
5 Escenas naturales. George Albert Smith  
6 Humorous Facial Expressions (1898).
7 Grandma’s Reading Glass (1900).
8 Mary Jane’s Mishaps
9 Competición de regatas de Henley (1899). James Williamson
10 Attack on a China Mission Station (1900)
11 The Big Swallow (1901)
12 Stop Thief! (1901)
13 A Daring Daylight Burglary (1903) Frank Mottershaw
14 Marriage by Motor (1903) Alfred Collins

4.1. LA ESCUELA IMPRESIONISTA

(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Roman Gubern)

Cuando París despierta con la jubilosa explosión del armisticio se pasa una página capital en la historia de la cultura.

Con el final de la guerra se inaugura la era del terrorismo artístico, de la vivificadora demolición de la tradición cultural, cuya veda levantó el movimiento Dadá en 1916 desde la neutral Suiza.

Convertido en el ombligo artístico del mundo, París se transformará en una jungla de ismos y en un caldo de cultivo de todos los experimentos que se hacen en nombre de la cultura.

El psicoanálisis penetra en el arte y se publican demoledores manifiestos por doquier.

No es raro, pues, que el cine vaya a convertirse en el niño mimado de la nueva cultura que nace impetuosamente.

Pero el cine francés padecía una grave anemia.

Cuatro años de guerra habían anquilosado su aparato productivo, permitiendo al cine americano adueñarse de su mercado.

Hacía falta un auténtico titán para levantarlo de su postración.

Louis Delluc.

Louis Delluc era un escritor que había comenzado por detestar el cine, pero en él que se operó la revelación del nuevo arte, sobre todo gracias a los westerns de Ince, los films de Chaplin y La marca del fuego de DeMille.

Delluc creó la palabra Cine-Cluby fundó el primero de la historia (1920), templo del nuevo arte.

Fue crítico y ensayista y dio a la palabra fotogeniasu actual contenido estético, definiéndola como el particular aspecto poético de los seres y de las cosas susceptible de ser revelado únicamente por el cinematógrafo.

Consideró que los elementos creadores del arte cinematográfico eran el decorado (en donde incluía la noción de «encuadre»), la iluminación, la cadencia(es decir, el “ritmo”, noción sugerida por las obras de Griffith) y la máscara(en donde englobaba al actor).

Además de su considerable labor como teórico, como crítico y como fundador de revistas, en 1920 comenzó a dirigir películas.

Realizó siete películas.

Le silence (1920) utiliza el flash-back sistemáticamente.

De las otras, dos revelan un talento creador poco común: Fièvre(1921) y La Femme de nulle part(1922).

Fièvre (1921) reflejaba netamente la admiración de Delluc hacia el cine norteamericano y sueco.

La acción transcurría en una taberna portuaria de Marsella (equivalente francés del saloon de los westerns) y este decorado, como en los films suecos, jugaba un papel dramático decisivo.

Entre los marinos recién desembarcados que iban allí a pasar un rato, la patrona reconocía a un antiguo amante, que comparecía casado con una joven oriental.

Estallaba una pelea y el marido de la patrona mataba al antiguo amante de su mujer.

Simple drama de “atmósfera”, como se ve, con protagonista colectivo más que individual y construido con respeto a la norma teatral de las tres unidades, preludia el realismo poético y populista que dominará en el cine francés de los treinta.

La Femme de nulle part (1922) fue, en cambio, uno de los primeros intentos de cine psicológico, que influido por los realizadores suecos describía con minuciosidad, a través de pequeños detalles, un estado de ánimo: una mujer que abandonó hace veinte años su vida burguesa para seguir a su amante, regresa a la suntuosa villa de su familia, evoca un pasado feliz que ya le es imposible reanudar y se encuentra con otra mujer, más joven, que proyecta fugarse con su amante como hizo ella en otro tiempo.

La historia, mundana y banal, está emparentada con la temática del teatro francés de la época, pero relatada con gran finura psicológica y en donde la técnica literaria del monólogo se halla inteligentemente reemplazada por el flash-backvisual, pues el tema del pasado es para Delluc (como lo será para Resnais) uno de los ejes de su narrativa.

Con estas obras se ve claro que Delluc trataba de orientar al cine francés hacia un sendero intelectualmente noble, como años antes hiciera el film d’art en rebeldía ante el cine populachero de Méliès y de Zecca, aunque por fortuna los tiempos no son los mismos y el cine comienza a dominar ya su lenguaje.

A través de Delluc una nueva categoría de personas, con preparación cultural e inquietud artística, irrumpen en lo que venía siendo coto de mercaderes y autodidactas.

El viraje es importante.

En torno a Delluc se agrupó una serie de artistas que los historiadores catalogan hoy con el nombre de Escuela impresionista, para distinguirlos del contemporáneo expresionismo alemán, del que les separaba su simplicidad estilística y el refinamiento de sus temas.

Delluc capitaneó a este heterogéneo grupo formado por Germaine Dulac, Marcel L’Herbier, Abel Gance y Jean Epstein.

Eran, para emplear un lenguaje actual, la “nueva ola” de los años veinte, y su confesada voluntad de vanguardia y de elite nació fatalmente, al igual que todas las vanguardias, como negación dialéctica e históricamente necesaria de un arte popular y de masas, en confusa reacción frente al cine-mercancía y al cine-alienación.

Germaine Dulac.

Germaine Dulac, escritora y militante feminista llevó a la pantalla el guion de Delluc La fête espagnole(1919) y el drama conyugal La souriante Madame Beudet(1922-1923).

Más tarde fue la encargada de inaugurar el capítulo del surrealismo cinematográfico con La coquille et le clergyman(1927).

Marcel L’Herbier.

Marcel L’Herbier, poeta simbolista y autor teatral antes de orientarse hacia el cine.

 El dorado(1921) rodado en España es un melodrama químicamente puro de los trágicos amores de un pintor escandinavo (prometido con una rica dama) y de una bailarina española, que al final se suicida.

En su buceo hacia la realidad interior de los personajes —(una de las preocupaciones mayores de esta escuela) L’Herbier dio una interpretación técnica del subjetivismo mediante imágenes empañadas por el “desvanecido” (o flou), que evocaban a los maestros del impresionismo pictórico y que había ensayado ya por vez primera en Phantasmes(1918).

Luego, tras la revelación del expresionismo alemán, L’Herbier asimiló su potencial formalista, depurándolo y recurriendo también al cubismo, con Don Juan et Faust(1923), La inhumana(1924), con decorados futuristas-cubistas de Fernand Léger, Mallet-Stevens y Claude Autant- Lara, y El difunto Matías Pascal(1925), según Pirandello, film para el que el brasileño Alberto Cavalcanti construyó unos decorados provistos de techo.

Hoy se nos aparecen estas cascadas de imágenes refinadas como viciadas por un formalismo exasperante, aunque a veces de una brillantez sorprendente.

Pero era bueno, y hasta necesario, que el cine atravesase este sarampión intelectual, a remolque de la literatura y de la pintura, para alcanzar, una vez separada la ganga de lo realmente válido, su mayoría de edad estética.

Dinero (1928) fue la última realización ambiciosa de L’Herbier, en los albores del cine sonoro, que trasponía la novela de Zola a la época contemporánea, con las escenas de la Bolsa sonorizadas mediante la grabación de efectos ambientales (ruidos, voces, rumores).

Después sepultó su prestigio en una montaña de banalidades que es mejor no recordar y en 1943 fundó el Institut des Hautes Études Cinématographiques de París.

Abel Gance.

El límite de las contradicciones estéticas de la escuela lo encarnó el exuberante Abel Gance, profeta y visionario, que se convirtió en el más puro alquimista del cine francés.

Para rodar La folie du Dr. Tube(1916) (sobre un sabio que ha descubierto la posibilidad de deformar los rayos luminosos) empleó objetivos deformantes, consiguiendo unas imágenes distorsionadas como las de los espejos de los parques de atracciones.

Pero la película no fue exhibida, de modo que su innovación no ejerció en su tiempo influencia alguna.

Más importantes fueron Yo acuso(1919) y La rueda (1921-1923).

Yo acuso (1919) es un grandilocuente alegato antimilitarista, dondelos espectadores asistían a la macabra vuelta a la vida de los cadáveres esparcidos en un campo de batalla.

La rueda (1921- 1923) es una tragedia lírica que culminó la pedante retórica del desordenado genio de Gance.

Narraba, con un tono de un romanticismo exasperado, la tragedia del mecánico y conductor de locomotoras Sísifo, atormentado por la pasión amorosa que le inspira su hija adoptiva y que acaba perdiendo la vista y la razón.

Entre los escombros visuales de esta versión del Edipo de la era maquinista, destacó un pasaje antológico al principio de la película, basado en el “montaje corto” (ya empleado por Griffith, especialmente en Intolerancia), con fragmentos muy breves de película: paisajes, rostros, bielas, vapor, ruedas y, finalmente, la locomotora que se precipita hacia el abismo.

Una auténtica sinfonía visual.

Forzoso es reconocer que Gance, a pesar de sus irregularidades, de su grandilocuencia, su melodramatismo, su mal gusto y sus citas pedantes de la cultura clásica, es quien, después de Griffith, más hizo por investigar los recursos del naciente lenguaje cinematográfico.

Napoleón (1923-1927) fue la obra más ambiciosa de su vida, que costó la friolera de 15 millones de francos y que no dieron de sí para concluir la biografía del corso, interrumpida con la partida de los ejércitos de Napoleón para su primera campaña en Italia.

En esta obra, Gance dio rienda suelta a sus experimentos y utilizó el Tríptico (o pantalla triple) para desplegar horizontalmente sus más grandiosas escenas, en temprana anticipación del Cinerama de Fred Waller.

Otra de las bazas técnicas que jugó Gance en esta película, con la colaboración técnica de Segundo de Chomón, fue el empleo de cámaras muy ligeras con motor de cuerda, que permitían captar agitados encuadres subjetivos, atadas a un caballo al galope, o bien introducidas en un proyectil arrojado al aire o lanzado al mar.

Pero en arte siempre resulta peligroso confundir la grandiosidad con la grandeza, y el extravagante Gance se empeñará tozudamente en conseguir ésta a través de aquélla, lográndolo tan sólo en muy raras ocasiones.

El fin del mundo (1930) fue su última gran aventura en el terreno de la creación cinematográfica. Colosal película futurista en la que el propio Gance interpretaba el papel de Cristo, que quedó inconclusa.

Jean Epstein.

Tal vez la personalidad más madura de la escuela impresionista, en parte porque su incorporación fue más tardía, sea la de Jean Epstein, de origen polaco.

Cœur fidèle (1923) causó sensación en su época, no por el banal relato naturalista de un obrero y un chulo rivales por el amor de una mujer, sino por su ejercicio de estilo, en particular en la antológica escena de la feria: tiovivo, columpios, autómatas, primeros planos, montaje corto, cámara subjetiva, encuadres oblicuos…

Todo un manifiesto del nuevo lenguaje visual, todavía adolescente.

También es positivo que, mientras Hollywood ponía en circulación un mundo lujoso y sofisticado, frívolo y decadente, algunos vanguardistas franceses demostraban una cariñosa vocación populista, prefiriendo la taberna, el suburbio, el puerto y los lugares y tipos populares, testimonio, aunque deformado y subjetivista, de cierta realidad social.

El hundimiento de la casa Usher (1928) es un experimento expresionista (cuando este estilo estaba pasado ya de moda), en el que para trasponer el desquiciado mundo de Edgar A. Poe a la pantalla se valió del ralentí, que crea un clima irreal y fantasmagórico a lo largo de toda la obra.

Se trata de un expresionismo depurado, no meramente escenográfico al estilo alemán, sino en donde los elementos dinámicos (movimientos de cámara, como el viento figurado por travellings recorriendo los pasillos, y el tempo irreal de la acción) han sido distorsionados expresivamente.

Violentar la naturaleza del tiempo real, ésa era una de las ambiciones de Epstein, que en sus escritos exalta las posibilidades “sobrenaturales” del cine, en especial la modificación de la naturaleza del tiempo, conseguida por vez primera en la historia de la ciencia y del arte gracias al acelerado, al ralentí y a la inversión de movimientos.

Finis Terrae (1929) llevó la tendencia naturalista a su extremo, interpretada por actores naturales, pescadores auténticos, e importante antecedente del neorrealismo italiano, aunque el material documental aparezca fuertemente manipulado por sus virtuosismos técnicos.

Louis Delluc

Le silence (1920).

Fièvre (1921)

La Femme de nulle part (1922).

Germaine Dulac

La fête espagnole (1919)

La souriante Madame Beudet (1922-1923).

Marcel L’Herbier

Phantasmes (1918)

El dorado (1921)

Don Juan et Faust (1923),

La inhumana (1924)

El difunto Matías Pascal (1925)

Dinero (1928)

Abel Gance

La folie du Dr. Tube (1916)

Yo acuso (1919)

La rueda (1921- 1923).

Napoleón (1923-1927)

El fin del mundo (1930).

Jean Epstein

Cœur fidèle (1923)

El hundimiento de la casa Usher (1928)

Finis Terrae (1929)

1.3. La saturación del color: el Fauvismo.

Toda la renovación de la pintura de las últimas décadas del siglo XIX (a excepción de Cézanne) se había llevado a cabo a través del color frente al imperativo de la forma y el dibujo académico, por lo que en este sentido el Fauvismo fue una prolongación de esta corriente, aunque desde planteamientos radicales.

Su nombre se debe, como en el resto de vanguardias, a una ocurrencia o frase irónica.

En este caso fue el crítico Vauxcelles el que, ante el Torso de un chico de Marque que se hallaba en medio de las pinturas de entre otros Matisse, afirmó que la escultura representaba a “Donatello chez les fauves (fieras)”.

Pero, aunque la exaltación del color era común a todos los artistas del movimiento, éste distaba mucho de ser un grupo programático, puesto que fue la suma de acciones individuales de artistas dispares.

Matisse, Marquet, Manguin, Camoin y Rouault fueron condiscípulos en el taller de Gustave Moreau.

Un segundo grupo formado por Derain y Vlaminck procedía de la escuela de Chateau.

Un tercero estaba formado por la escuela del Havre: Braque, Dufy y Friesz.

El fauvismo no hizo sino llevar hasta sus últimas consecuencias los presupuestos de la teoría del simbolismo, en una búsqueda de nuevos medios de expresión en la que tenían que atreverse a todo, desconfiando del principio de autoridad y fiándose sólo de la verdad de su propia experiencia.

Esta actitud completamente subjetiva resultó fundamental para casi todo el arte moderno.

En 1905 Matisse presentó su “Lujo, calma y voluptuosidad”.

Su forzada y frívola disposición de mujeres desnudas y vestidas en la playa o su síntesis de bloques de color neoimpresionistas, hicieron que se convirtiera en la clave de un nuevo tipo de pintura.

En la obra de la mayoría de los fauves, especialmente en la de Derain y Braque, es muy característica la superficie de colores a la manera de un mosaico.

En “Mujer con sombrero” (1905) Matisse abandona el dibujo en favor de planos de color de bordes ásperos, ofreciendo una pintura de cierta crudeza y dejando algunas zonas en blanco.

Los fauves encontraron en Cézanne el diseño de una superficie creado a base de planos de color.

Las obras de Matisse (La línea verde, Retrato de Mme. Matisse ó Retrato de Derain), Derain (Retrato de Vlamink) y Vlamink en estos años de efervescencia muestran una preocupación común por basar la pintura en una expresividad del color y la pasta pictórica.

La superficie del cuadro se halla fragmentada por planos encontrados y contrapuestos de color.

La pintura es una suma de fragmentos que desplazan la representación de lo real según las formas de perspectiva clásica.

No es ni la representación, ni la impresión, sino la sensación permanente que produce la realidad en la mente del pintor.

En otro de los temas desarrollados por estos pintores, el paisaje, la fragmentación se hace mucho más evidente y radical.

En Paisaje de Colliure (1905) de Matisse, “Las montañas de Colliure” (1905) de Derain y El Circo (1906) de Vlaminck, el color se erige como protagonista marcado por una fragmentación y un cierto aspecto de obra inacabada.

Derain viaja a Londres y recorre el Támesis, plasmando una poderosa construcción lineal, amplias manchas de color fuerte y puntos de vista inesperados, todo ello con la inconfundible atmósfera de la ciudad, como en “El puente de Waterloo” (1906).

Esta experiencia fue desarrollada por otros miembros del grupo, como Manguin, Marquet o Dufy.

Albert Marquet en su primera etapa fauve realizó unos desnudos que destacan por su atrevimiento en el color y el diseño, para después convertirse en un paisajista de exquisitas tonalidades.

Raoul Dufy realiza sus obras fauve en 1906 en Trouville, pero pronto abandona el fauvismo manteniendo su gusto por los colores brillantes extendidos sobre el lienzo en grandes manchas.

Kees van Dongen, holandés afincado en París se caracteriza por su humor desenfadado y burla en temas del circo y el cabaret.

En las obras de estos artistas se aprecia una desintegración del objeto a través del plano de color.

Braque también tuvo una breve etapa fauve antes de su paso hacia el Cubismo.

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