6.5. La obra de Picasso después del Cubismo.

Picasso se planteó en un determinado momento abandonar el Cubismo.

Inició un “retorno al orden” a través de una recuperación de las formas y modelos clásicos que por su formación académica podía acometer.

Se basa en la línea y en un modelado clásico ampliamente simplificado a la manera de Ingres.

El nuevo repertorio iconográfico incluye arlequines, pierrots y músicos junto a escenas de maternidad.

Cuerpos macizos y contorneados de aspecto escultórico con una escala casi monumental y una paleta de colores más viva en la que destacan los azules.

Picasso residía en París, pero en verano se trasladaba a la Costa Azul.

A estos pertenecen obras como Las tres bañistas (1920), en la que junto a la linealidad clásica de las figuras se observa un trasfondo de deformación que nos remite a Las señoritas de Avignon.

En Dos mujeres corriendo en la playa o La carrera (1922) las figuras parecen de inspiración clásica a pesar del gigantismo que las caracteriza.

Dos mujeres desnudas (1920), Mujer y niño (1922) o Arlequín (1923) son otras imágenes de ese “retorno al orden”.

A partir de 1925 empieza su relación con el círculo surrealista y participa en su primera exposición.

Esto no significa su adscripción firme al movimiento, aunque en obras como Bañista sentada (1930) la mordacidad y amenaza que desprenden los rostros parecen sugeridas por el subconsciente, mientras en otras obras de esos años las formas son orgánicas y más imprecisas.

A finales de los años veinte emplea en sus esculturas una técnica semejante al ensamblaje.

Sus esculturas en hierro tienen una gran libertad aprovechando elementos encontrados y materiales diversos, ensamblados mediante soldadura.

En los años 30 la figura del toro y el minotauro empiezan a integrar el vocabulario picassiano.

Realiza la importante serie de grabados Suite Vollard (1930-1935).

La gran estampa realizada al aguafuerte Minotauromaquia (1935) es un antecedente claro de la gran obra mural del Guernica (1937).

Aceptó el cargo de director del Museo del Prado, pero nunca tomó posesión de él.

Poco después recibe el encargo por parte del gobierno de la República española de una obra para el Pabellón de la Exposición Internacional de París de 1937.

Picasso ya había puesto de manifiesto su postura en la Guerra Civil en su grabado satírico Sueño y mentira de Franco (1937).

El tema para el mural de Guernica (1937) es el bombardeo de la aviación alemana en Guernica.

Realizó un dibujo preparatorio, pero introdujo numerosos cambios.

La obra de grandes dimensiones muestra una intencionada reducción de los colores a blanco, negro y gris.

Picasso no introduce ninguna referencia explícita del acontecimiento.

El pintor plasmó una crítica de la muerte del inocente, lo que da perdurabilidad y vigencia a su mensaje.

Un caballo agonizando centra la composición en la que aparecen personajes que nos ofrecen nuevas adaptaciones de temáticas muy reconocibles, como es el caso de la madre que se encuentra con el niño a la izquierda, concebida a la manera de una Piedad.

La figura del guerrero muerto en primer término, la que se descuelga del edificio en llamas o la de la antorcha aparecen como intérpretes de un acontecimiento patético.

Sólo la figura del toro es ajena al drama y mira al espectador, es una referencia a sí mismo, al pintor narrador, como en Las meninas o La familia de Carlos IV.

Los motivos del cuadro habían existido ya en la obra del pintor y en su memoria.

Es antecedente de otras obras suyas como Cabeza de mujer llorando III (1937). Es la primera de una serie de obras de marcado carácter político como El osario (1944-1945), Monumento a los españoles muertos por Francia (1946-1947), y los dos grandes murales Guerra y paz (1952-1954) y Masacre en Corea (1951).

A partir de 1945 inmerso en un productivo torrente de trabajo no deja de lado sus experimentaciones de las formas humanas y de la naturaleza.

Entre 1953 y 1973 lleva a cabo una recapitulación de su obra anterior.

En sus últimos años establece un diálogo personal con las obras maestras del pasado, como Las mujeres de Argel de Delacroix o Las meninas de Velázquez.

La serie de Las Meninas dio lugar a cuarenta y cinco pinturas y trece obras relacionadas.

También realiza interpretaciones de El almuerzo campestre de Manet o El rapto de las Sabinas de Poussin.

Por último, Picasso se enfrenta a la que había sido una preocupación constante en toda su obra: el proceso de la creación artística.

Para ello escoge el tema del pintor y su modelo en el estudio, que ocupará los últimos años de su vida. 0000

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