6.4. La renovación escultórica.

Constantin Brancusi.

El rumano fue el artista que revolucionó la escultura en relación con el desarrollo de las formas abstractas.

El término abstracto es sólo una definición parcial de la obra de Brancusi, que mantuvo siempre su inspiración en la naturaleza y en lo humano.

Fue asistente de Auguste Rodin.

Empezó tallando directamente la piedra en un momento en que la mayoría de escultores de París modelaban en barro.

Obras como El beso (1909) demuestran su dominio de la talla directa, así como su influencia del primitivismo.

El artista se destaca también por su respeto por las cualidades de cada materia.

Su implicación era tal que interviene no sólo sobre la obra sino también en la peana sobre la que se coloca, que selecciona cuidadosamente en interesantes combinaciones.

Brancusi muestra su dominio de los distintos procedimientos técnicos de la madera y los metales, y se incorpora a las experimentaciones de la vanguardia.

Su escultura plantea una simplificación y reducción de las formas hasta lograr una identidad entre el tema de la escultura y la corporeidad material de ésta, como ocurre en Maiastra (1912).

El escultor descubrió gradualmente la “esencia real de las cosas” en la forma ovoide realizada en piedra con el más alto refinamiento técnico y formal.

Desde la cabeza de mármol Sueño (1908), aún del gusto de Rodin, hasta la Musa dormida (1910) y Recién nacido (1915) la forma de la cabeza humana se simplifica progresivamente hasta llegar a El principio del mundo (1920), donde la figura ovoide alcanza su última y absoluta forma.

Con el tiempo Brancusi buscó, más que ningún otro artista y de una manera muy paciente, unas superficies tan impecables que no ofrecieran huella alguna de su mano o los instrumentos utilizados en el modelado.

La Musa dormida (1910) realizada en bronce en plena efervescencia cubista, demuestra su interés por la simplificación de la escultura negra.

La representación ha sido reducida a su condición material y escultórica más primaria, lo mismo que los pintores cubistas reducían el cuadro a su condición original de superficie plana.

El tratamiento de la superficie resulta de un efecto sorprendente, ya que Brancusi pule el bronce hasta alcanzar un color dorado y una lisura extrema, en una obsesión por distanciarse del modelado táctil protagonizado por Rodin.

La escultura es un objeto, un objeto liso, sin huellas del modelado que sugería inmediatamente referencias figurativas.

La Musa dormida alcanza una esencialidad de las formas inédita que llega a su definición límite en Comienzo del mundo (Escultura para ciegos) (1924) en la que la escultura ha quedado reducida a una forma ovoide.

Es frecuente que Brancusi realice varias versiones de una misma obra, en ocasiones en distintos materiales, en esta ocasión hay otra versión en mármol.

De Mademoiselle Pogany hay tres versiones en mármol y nueve en bronce.

Se trata del retrato de una joven artista húngara que sirvió también como modelo para la Danaide (c.1918).

Todas las versiones mantienen los mismos rasgos, con el arco de las cejas y la nariz muy marcados, y los brazos y las manos convertidos en una amplia curva a los lados de la cabeza.

Cuando fue presentada la obra suscitó gran controversia.

Sus detractores lo compararon con un huevo duro colocado sobre un terrón de azúcar, mientras que otros encontraron en ella la finura y perfección técnica del jade chino.

Para Brancusi la belleza era “equilibrio absoluto” condición que se alcanza gracias a una adaptación exquisita y precisa de la invención a la técnica.

Hans Arp.

Tras su paso por el Dadaísmo estableció relación con el Surrealismo.

Desde finales de los años veinte, sus relieves aumentan de tamaño y se destacan de la pared en una evolución hacia la escultura esférica a partir de 1932.

Según sus propias palabras su escultura no era abstracta, sino concreta, porque existía realmente en el espacio.

Sus formas deben considerarse como “formas autónomas y naturales”, que sólo se diferencian del animal o la fruta en ser reproducidas por la intervención humana, siendo como él las denominaba “concreciones humanas”.

Jugó un papel decisivo en el desarrollo del arte abstracto a través de su constante investigación de los materiales artísticos (principalmente piedra y bronce), pero sin perder nunca el contacto con la naturaleza.

De igual importancia fueron sus monumentos para plazas públicas, ya que Arp realizó grandes relieves en madera y en metal con formas curvadas y angulares, denominadas Constelaciones y Configuraciones, para la Universidad de Harvard, Caracas o la sede de la UNESCO en París.

Alberto Giacometti.

Estuvo relacionado con el surrealismo.

A partir de los años cuarenta desarrolló una obra figurativa de gran éxito.

Son figuras humanas delgadas, filiformes, aisladas, que parecen expresar en su superficie roída, como lacerada, las fuerzas de la destrucción y la soledad del hombre.

Son como una manifestación tridimensional de la angustia existencial del Informalismo.

Cuando sus personajes aparecen en grupo, erguidos y tensos, se presentan como ahogados en el silencio, como evocando la distancia y la soledad con una fuerza extraña.

Pablo Gargallo.

Concebía la escultura como un dibujo en el espacio.

Su principal aportación es la utilización de chapas de cobre en pequeñas máscaras en las que el volumen se crea curvando la lámina de metal.

La influencia de la escultura africana se refleja en la forma ovoide de estas máscaras o los arcos ciliares que se continúan en la nariz.

La novedad está en que el volumen no surge de la masa, sino del hueco.

Su obra más conocida es Gran profeta (1933), realizada mediante fundición en bronce, en la que la figura se define gracias a su juego de superficies cóncavas y convexas que crean una estructura y permiten introducir un cierto dinamismo.

Julio González.

Con la excepción de unos pocos objetos fundidos en bronce, la mayoría de sus obras fueron estructuras de hierro forjado.

Acomete una renovación formal y técnica de la escultura.

Introduce nuevas técnicas en la escultura cuya influencia abarca hasta hoy:

  • El trabajo con el hierro.
  • El empleo de la soldadura autógena.
  • La concepción de la obra como pieza construida.

Piezas unidas, articuladas y con piezas ensambladas.

En el Pabellón republicano de la Exposición Internacional de París de 1937 Julio González presentó su Montserrat, en la que abandona el carácter experimental y puramente estético de su escultura para desarrollar una figuración y una expresividad políticamente comprometida.

Henry Moore.

Su obra se centra en la figura humana, en especial en la mujer, con las relaciones entre la masa y el vacío como elemento vertebrador.

Su obra está influida por la espontaneidad de la forma y expresión de la escultura no occidental, en especial de las culturas africanas y primitivas.

Entre 1920 y 1930 sus temas favoritos serán el desnudo femenino y las escenas de maternidad.

Trabaja la piedra o la madera dejando que sean los materiales los que dicten la postura de un miembro del cuerpo o de un plano.

Sus figuras suelen tener una extraña expresión en los ojos.

De esta época son Madre y niño (1924-1925, Art Gallery, Manchester) y Figura reclinada (1929, Art Gallery, Leeds)

Alexander Calder.

Sus esculturas de alambre (retratos satíricos y personajes de un circo en miniatura 1927-1932) le dieron fama internacional.

La idea del movimiento que también marcó a los futuristas tuvo un desarrollo nuevo, proyectando en el espacio el objeto escultórico y rompiendo con el punto jerárquico preferente creando una nueva relación dinámica entre espacio y escultura que será clave en el desarrollo de la escultura contemporánea.

Fruto de estos planteamientos será la obra del estadounidense Calder, que destaca por sus móviles, que desarrollan una escultura abierta en la que las imágenes espaciales de la pieza se multiplican con su movimiento y los infinitos puntos de vista del espectador.

Realizó Fuente de Mercurio en 1937 aludiendo a las minas de Almadén y a la guerra civil española.

En 1943 inició la serie Constelaciones, un conjunto de obras móviles colgantes y otras de base estable realizadas en madera y alambre. Recuerdan a Miró, Hans Arp e Yves Tanguy.

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