Nacido en Grecia y de padres italianos, estudió en la Academia de Arte de Múnich.
Entre 1911 y 1915 estuvo en París, donde realizó sus primeras pinturas maduras con escenas en las que aparecían figuras soñando en las plazas desiertas de la ciudad.
Se expusieron en el Salón de Otoño de 1913
En Los gozos y enigmas de una hora extraña (1913, Colección privada, California) vemos una plaza desierta con una colosal estatua dormida, una figura que parece más de carne que de mármol. Al fondo, dos figuras diminutas parecen conversar junto a las arcadas y, a la derecha, la locomotora aparece como posible referencia a su padre – ingeniero de ferrocarriles- y representación de la vida moderna.
La imagen está impregnada de una poesía extraña, misteriosa y solitaria, y parece suceder en un estadio intermedio entre el sueño y la vigilia.
La palabra metafísica, que aparece frecuentemente en los títulos de sus pinturas, no está asociada a ningún pensamiento filosófico concreto, sino que parece referirse al hecho de que sus obras expresan significados que trascienden la apariencia física de las cosas.
De Chirico definió este aspecto metafísico en su descripción de “las dos soledades”, que toda obra de arte contenía.
La primera es “la soledad plástica” producida por la construcción y combinación de formas.
La segunda “la soledad metafísica”, de líneas y signos.
Esta soledad de sus figuras convertidas en naturalezas muertas es aún más significativa cuando sus desolados paisajes están ocupados por maniquíes asexuados, sin rostro y mutilados, que están sostenidos por soportes de madera y hierro, parecen dos figuras medio vivas o medio imaginadas, como en Héctor y Andrómaca (1917, Colección particular, Milán)
De Chirico colaboró estrechamente con Carlo Carrà, con quien formó la denominada Scuola Metafísica. Si el proceso de creación es instintivo y las imágenes así producidas se forman en el estado de sueño preconsciente, la experiencia artística puede ser, tanto para el artista como para el espectador, susceptible de múltiples interpretaciones.
El Gran interior metafísico pintado por De Chirico en 1917, nos ofrece varias posibilidades de interpretación.
Dos objetos aparecen colgados dentro de una caja como huesos en un ataúd, mientras el paisaje parece más una tarjeta postal.
Al fondo, se amontonan elementos de madera similares a un caballete en los que aparecen colgados la caja y el paisaje.
La relación entre los elementos construidos es ilógica, pero además el uso del color subraya que los elementos del primer plano y los de detrás pertenecen a experiencias diferentes.
Representa un mundo de sueños con una aparente simplicidad técnica y sin sus composiciones no puede entenderse la historia del surrealismo posterior.
De Chirico realizó sus últimas pinturas metafísicas en 1919, para después trabajar con una mitología inventada en la que caballos y ruinas míticas aparecen en paisajes modernos.
Esta irónica confrontación del pasado y el presente carece de la intensa visión imaginativa anterior.
Por su parte, la Scuola Metafísica de De Chirico y Carrà no se prolongó mucho más tiempo.
Carlo Carrà realizó una importante aportación al movimiento interpretando la pintura de De Chirico de una manera más lírica.
Giorgio Morandi está entre los artistas relacionados con la Scuola que destaca.
Sus naturalezas muertas muestran su desinterés por cualquier detalle que permitiera identificar plenamente lo representado, en un proceso de desmaterialización de las formas y unificación de los objetos y el espacio donde se encuentran transmitiendo al espectador unas sensaciones intimistas de quietud, reposo y silencio. d0 Subtle Ref