(Esto es un resumen del libro «Historia del cine» de Román Gubern)
En el París de los llamados “felices veinte” el cine es un retablo de maravillas al que se cobija y mima en el interior de los cineclubs, catacumbas para iniciados donde se descubren y comentan con admiración las nuevas películas alemanas y soviéticas.
Al cine le van a nacer hijos de los movimientos pictóricos como el futurismo, el dadaísmo y el surrealismo.
Delluc abrió el camino, ha visto en el cine un vehículo cultural, un arte receptivo de las inquietudes más vivas.
Viking Eggeling, uno de los fundadores del movimiento dadaísta, que hace nacer el cine abstracto con Diagonal Symphonie(1921).
El pintor dadaísta alemán Hans Richter, con sus Rythmus’21(1921), Rythmus’23(1923) y Rythmus’25(1925), y el pintor alemán Walter Ruttmann, con su Opus 1(1923) y siguientes, inauguraron la escuela experimental alemana.
El pintor francés, Fernand Léger, realizará con Dudley Murphy un Ballet mécanique(1924) compuesto con sus motivos predilectos: engranajes, artículos de bazar, piezas mecánicas, títulos de periódico…
Pero lo más vivo del cine vanguardista de los años veinte nació de la orgía surrealista que se expandió en Europa tras el célebre manifiesto de André Breton (1924).
Torbellino emancipador parido de las entrañas del dadaísmo, arremetió con violencia contra los convencionales cánones establecidos, para retornar a la pureza del “automatismo psíquico” y a las motivaciones irracionales del subconsciente.
La “escritura automática”, desconectadas las riendas de la voluntad, será el método expresivo predilecto de los nuevos poetas, que realizarán su revolución estética a través de los senderos del humor, el horror, la paradoja, el erotismo, el sueño y la locura.
No es raro que la fiebre surrealista contagiase al cine, pues, como ha explicado Buñuel, es “el mecanismo que mejor imita el funcionamiento de la mente en estado de sueño”.
Y el sueño es, no hay que olvidarlo, la forma más pura de automatismo psíquico.
Pero este automatismo irreflexivo de los surrealistas es lo que menos se parece a la laboriosa y prolongada elaboración de una película: ésta será, precisamente, la mayor paradoja del cine surrealista que va a nacer.
Germaine Dulac, escritora y militante feminista que había llevado ya a la pantalla el guión de Delluc La fête espagnole(1919) y el drama conyugal La souriante Madame Beudet(1922-1923), que preludió algunos temas del futuro Antonioni, fue la encargada de inaugurar el capítulo del surrealismo cinematográfico con La coquille et le clergyman(1927), basada en un texto del escritor y actor Antonin Artaud.
Acorde con la tradición de escándalo de toda obra surrealista que se precie, La coquille et le clergyman armó el suyo, y mayúsculo.
El arsenal de símbolos psicoanalíticos y de imágenes oníricas que caracterizaba a la película en cuestión, llevaba en sí el germen de la caducidad, destinándola a envejecer sin remedio.
Después Dulac, defensora de la noción de “cine puro”, intentó materializar la silenciosa “música visual” de las imágenes en Étude cinématographique sur un arabesque (1928), según Debussy, Thème et variations(1928) y Disque 927(1929), bajo la inspiración del preludio en si bemol de Chopin.
Todas estas experiencias vanguardistas, y otras paralelas, despectivas con lo que es argumento y estructura narrativa, estaban inspiradas por una hipertrofia formalista, inventando y experimentando atrevidos recursos que, pasado el infantilismo vanguardista, se incorporarán de una manera lógica y madura al lenguaje cinematográfico habitual: montaje acelerado, sobreimpresiones, desvanecidos, etc.
También es cierto que de este festín de quincallería visual nacerá la gran tradición francesa de los maestros de la cámara, que va de Renoir a Godard.
Y no es menos cierto que a partir de ahora todos los códigos del relato y de la representación cinematográficos han sido puestos en cuestión.
Al movimiento surrealista francés, se incorporó la resaca inconformista de otras latitudes, como el pintor y fotógrafo americano Man Ray, autor de Emak Bakia(1928) y L’Étoile de mer(1928).
Le sang d’un poète (1930) del polifacético Jean Cocteau, niño mimado de los cenáculos parisinos, es una película exasperadamente refinada, barroca, hermética y decadente, que expuso sin embargo con gran franqueza, lo que no deja de ser elogiable, las tendencias homosexuales y misóginas, narcisistas y onanistas de su autor.
Buñuel.
Buñuel estudió con los jesuitas de Zaragoza y en esta época escolar nacieron en él dos obsesiones que perdurarán en toda su obra: su pasión por la entomología y su “descubrimiento” del universo religioso.
En la Residencia de Estudiantes de Madrid, conoció a Federico García Lorca, Ramón Gómez de la Serna y Rafael Alberti, y aportó una inyección de interés cinematográfico.
En 1925 dio el gran salto a París, donde su interés por el cine cristalizó en irresistible vocación al contemplar Der müde Tod, de Fritz Lang.
En 1926 debuta como ayudante del realizador Jean Epstein.
El movimiento surrealista se vio bruscamente enriquecido en 1928 con la arrolladora personalidad del español, que no tardará en convertirse en cineasta “maldito” y en uno de los “monstruos” de la historia del cine.
Al lado de la vigorosa obra de Buñuel resultarán empequeñecidas las restantes producciones surrealistas.
Y en 1929 escribe con Salvador Dalí y dirige Un perro andaluz(Un chien andalou), con un guion tejido con sus sueños. Rodada en quince días, la película produjo el efecto de una bomba.
Su obertura es, coherente con la agresividad del movimiento surrealista, uno de los intentos más afortunados para alterar la digestión de los más tranquilos de espíritu: una navaja de afeitar secciona, en primerísimo plano, un ojo de mujer.
A partir de ahí se desata un torrente de imágenes oníricas, que el propio Buñuel ha calificado de “un desesperado y apasionado llamamiento al asesinato”.
A pesar de que, como producto del puro automatismo, la obra no persigue una explicación por vía simbólica, a veces su laberinto de imágenes gratuitas se ilumina con relámpagos que (tal vez a pesar de sus autores) tienen un sentido.
Tal es el caso del amante que en su aproximación al objeto de su deseo debe arrastrar la pesadísima carga de dos pianos de cola en los que reposan sendos cadáveres de asnos y van atados a dos seminaristas.
La poesía de la película es fundamentalmente, sin embargo, la poesía de lo absurdo.
Pero la conmoción producida por Un perro andaluz fue apenas nada si se la compara con la que causó su siguiente film, La edad de oro(L’Âge d’or, 1930), liberado ya casi completamente de la influencia de Dalí.
Aquí Buñuel lanza un ataque demoledor a lo que suele denominarse “el orden establecido”, coronado con un homenaje blasfemo al marqués de Sade y orquestado con música de Wagner, cuya grandilocuencia multiplica la potencia corrosiva de sus imágenes. Exaltación surrealista del amour fou y denuncia de todos los mecanismos sociales y psicológicos que entorpecen su realización, tuvo la virtud de poner rápidamente en marcha los resortes de autodefensa de la sociedad tan maltratada por Buñuel en su película.
A la quinta semana de su estreno, se organizó una batalla campal en la que salieron malheridas las telas de Dalí, Max Ernst, Man Ray, Miró y Tanguy expuestas en el vestíbulo.
Este incidente y las grandes campañas de prensa, concluyeron con la prohibición del film.
Esta medida policíaca venía a corroborar, en el fondo, la eficacia crítica y demoledora de la película de Buñuel y la gran debilidad y fácil vulnerabilidad de la sociedad a la que ponía en la picota.
Tras un infructuoso paso por Hollywood regresa a España donde rodaría en Las Hurdes el impresionante documental Tierra sin pan(1933), retablo de una miseria alucinante, con profusión de enfermos, tarados y cretinos. A los acordes de la cuarta sinfonía de Brahms Buñuel desvela este museo del horror (con imágenes tan estremecedoras como la del asno devorado por un enjambre de abejas), que se sitúa entre el documental etnográfico, el cine de denuncia social y el aquelarre goyesco. El gobierno español decidió prohibir su exhibición.
El estallido de la guerra civil, donde rueda un documental, el exilio, las acusaciones de comunista hacen este una larga temporada sin rodar.
El gran calavera (1949), la rodó cuando estaba a punto de abandonar el cine y su éxito le permitió seguir rodando.
Los olvidados (1950) retrataba la realidad de pobreza y miseria suburbana. Actualmente es una de las tres únicas películas reconocidas por la Unesco como Memoria del Mundo.
Susana (1951)
Él (1951) que constituyó un fracaso comercial.
Subida al cielo (1952).
Robinson Crusoe (1952).
La ilusión viaja en tranvía (1953).
El río y la muerte (1954)
Así es la aurora (1955).
Ensayo de un crimen (1955).
La muerte en el jardín (1956).
Nazarín (1958) es la primera de las tres películas que realizaría con el actor Paco Rabal.
Los ambiciosos (1958), es una película de compromiso político y social.
Viridiana (1961) significó su eventual regresó a España. L’Osservatore Romano condenó la cinta y la censura española prohibió la cinta y Muñoz Fontán fue obligado a dimitir.
El ángel exterminador (1962) rodó, una de sus películas más personales, en la que aludía a su periodo surrealista transcurrido en Francia.
Diario de una camarera (1963).
Simón del desierto (1964) fue su última película mexicana.
Belle de jour (1966).
Tristana (1970).
Por El discreto encanto de la burguesía, en 1972 se convirtió en el primer director español en conseguir el Óscar a la mejor película de habla no inglesa.
Con Ese oscuro objeto del deseo (1977),
puso el colofón a su obra.
Viking Eggeling:
Diagonal Symphonie (1921).
Hans Richter:
Rythmus’21 (1921)
Rythmus’23 (1923)
Rythmus’25 (1925)
Walter Ruttmann.
Opus 1 (1923).
Fernand Léger y Dudley Murphy:
Ballet mécanique (1924)
Germaine Dulac:
La fête espagnole (1919)
La souriante Madame Beudet (1922-1923)
La coquille et le clergyman (1927)
Étude cinématographique sur un arabesque (1928)
Thème et variations (1928)
Disque 927 (1929)
Man Ray:
Emak Bakia (1928)
L’Étoile de mer (1928).
Jean Cocteau:
Le sang d’un poète (1930)
| 1 | Un perro andaluz | 1929 | |||
| 2 | La edad de oro | 1930 | |||
| 3 | Tierra sin pan | 1933 |
| 4 | Gran Casino | 1947 | |||
| 5 | El gran calavera | 1949 | |||
| 6 | Los olvidados | 1950 | |||
| 7 | Susana | 1951 | |||
| 8 | La hija del engaño | 1951 | |||
| 9 | Él | 1951 | |||
| 10 | Una mujer sin amor | 1952 | |||
| 11 | Subida al cielo | 1952 | |||
| 12 | Robinson Crusoe | 1952 | |||
| 13 | El bruto (1953) | 1953 | |||
| 14 | La ilusión viaja en tranvía | 1953 | |||
| 15 | Abismos de pasión | 1954 | |||
| 16 | El río y la muerte | 1954 | |||
| 17 | Así es la aurora | 1955 | |||
| 18 | Ensayo de un crimen | 1955 | |||
| 19 | La muerte en el jardín | 1956 | |||
| 20 | Nazarín | 1958 | |||
| 21 | Los ambiciosos | 1958 | |||
| 22 | La joven | 1960 | |||
| 23 | Viridiana. | 1961 | |||
| 24 | El ángel exterminador | 1962 | |||
| 25 | Diario de una camarera | 1963 | |||
| 26 | Simón del desierto | 1964 | |||
| 27 | Belle de jour | 1966 | |||
| 28 | La Vía Láctea | 1969 | |||
| 29 | Tristana | 1970 | |||
| 30 | El discreto encanto de la burguesía | 1972 | |||
| 31 | El fantasma de la libertad | 1974 | |||
| 32 | Ese oscuro objeto del deseo | 1977 |